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La imagen de Ómar Pérez, César Pastrana y Wilson Gutiérrez levantando los trofeos de campeón de la primera Liga 2012 es imborrable para los hinchas cardenales. Minutos antes, con un gol de Jonathan Copete, su amado Santafecitolindo había vencido 1-0 al Deportivo Pasto y conquistado el título del fútbol profesional colombiano después de 37 largos años. Esa dolorosa sequía de éxitos, que curtió a varias generaciones de seguidores albirrojos, terminó ese 15 de julio para darle paso al lustro más glorioso de su historia.
Apenas un par de años antes, en 2009, Santa Fe había ganado la Copa Colombia, pero estaba claro que solamente conquistando una liga de primera división recuperaría el prestigio perdido. En tres décadas, apenas un par de veces había estado cerca de una corona y para sus aficionados se había convertido en una costumbre ver las celebraciones de otros clubes. Pero eso cambió fundamentalmente con la llegada del dirigente César Pastrana y el volante argentino Ómar Sebastián Pérez, las piedras angulares del proyecto.
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Y los números no mienten. Santa Fe, con sobrados méritos, colgó la séptima estrella en su escudo en ese 2012, bajo las órdenes de un novato en el banquillo, pero cardenal de toda la vida, Wilson Gutiérrez. Seis meses después, ya en enero de 2013, le ganó la Superliga a Millonarios. En diciembre de 2014, con el argentino Gustavo Costas como entrenador, sumó una nueva Liga al vencer al Medellín y luego una Superliga más. Gerardo Pelusso, en 2015, lideró al plantel que venció al Huracán de Argentina en la final de la Copa Sudamericana, el éxito más relevante en la historia del equipo, fundado en 1941.

Pero faltaban más celebraciones. Costas volvió para ganar la Copa Suruga Bank y otra liga, en 2016, además de la Superliga en enero de 2017. Santa Fe completó así seis temporadas levantando algún trofeo, un récord en el fútbol colombiano. La racha ganadora terminó con la derrota ante Millonarios, en la final de la Liga del segundo semestre de 2017, que, sin embargo, contará como un subtítulo, así como el de el primer semestre de 2015 (derrota ante Nacional), las Copas de 2014 y 2015 y la Recopa Sudamericana de 2016, en la que enfrentó nada menos que a River Plate.
Pero esas buenas estadísticas fueron posibles gracias al trabajo de dirigentes, cuerpos técnicos, jugadores e hinchas. Aunque poco crédito le dan, el proceso arrancó por allá en 2010, cuando Arturo Boyacá, un hombre estrechamente ligado a la cantera santafereña, les dio continuidad en el equipo profesional a varios jugadores juveniles, como Camilo Vargas, Héctor Urrego, Julián Quiñones, Francisco Meza, Hugo Acosta, Sergio Otálvaro y Juan Daniel Roa, a quienes se sumó uno ya consolidado como Daniel Torres y refuerzos que rindieron mucho, además de Ómar Pérez, como Yulián Anchico y Luis Carlos Arias.

Así, a punta de títulos, finales y participaciones internacionales, el Expreso Rojo recuperó la gloria perdida. Volvió a ser considerado uno de los grandes referentes del fútbol colombiano. Sus hinchas sacaron pecho como en los tiempos de Alfonso Cañón y para cualquier futbolista llegar al club se convirtió en un reto y un privilegio. Con eso también crecieron el presupuesto, los gastos y las asistencias.
En las siguientes campañas brillaron otros nombres, entre los que se destacaron como Luis Manuel Seijas, Wilson Morelo, Leandro Castellanos, Robinson Zapata, Dairon Mosquera, Sebastián Salazar, Baldomero Perlaza, Leyvin Balanta, Yerry Mina y Jeison Gordillo, todos ellos pertenecientes a la generación más ganadora del primer campeón de Colombia, cuyas vitrinas comenzaron a ampliarse hace ocho años, con la inolvidable y emotiva séptima estrella.