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Vinos de piedra

Hugo Sabogal
06 de junio de 2015 – 09:00 p. m.

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En una reciente tarde de mayo, y después de rodar durante más de dos horas y media por la Ruta 40 desde la ciudad de Mendoza, llegué a un lugar alucinante, justo a los pies de la cordillera de los Andes.

A lado y lado del camino de entrada a la propiedad había millares de piedras de todos los tamaños: pequeñas (como bolas de golf), medianas (como balones de fútbol), grandes (como globos navideños) y gigantes y rollizas, de más de tres metros de altura, capaces de aplastar todo lo que encuentren a su paso. Eran piedras grises, blancuzcas, testigos excepcionales del paso de siglos y milenios. No estaban allí de adorno. Habían sido extraídas de las entrañas de la tierra para darles espacio a los nuevos viñedos que la Bodega Familia Zuccardi ha venido plantando en Altamira y otros distritos del Valle de Uco, donde comienza a marcarse un antes y un después en la historia de los vinos mendocinos y argentinos. Primero nos trasladamos a la construcción de la nueva bodega, donde todas las paredes han sido construidas con piedras del lugar, simulando tajadas del mismo terreno donde yacen sus cimientos. Adentro, todas las vasijas de elaboración son de hormigón, con formas de huevos, conos y –lo más novedoso– de ánforas gigantes. No se ha instalado ningún tanque cilíndrico de acero inoxidable, porque allí, en Piedra Infinita, todos los elementos están especialmente orquestados para no romper la armonía de una cadena de elementos naturales, que sumados dan vida a una sorprendente colección de nuevos vinos. Tras recorrer un corto trayecto, arribé al campamento donde despachan los agrónomos. Fue allí donde empecé a conocer las intimidades de un proyecto sin antecedentes en el Cono Sur (y podría decirse que en el mundo).  Las estanterías de la pequeña oficina estaban repletas de más piedras, muchas de ellas recubiertas de una especie de pátina blanca, o sea, caliza marina en su más puro estado. Al mismo tiempo yacían, destripadas, varias rocas amorfas, que escondían en su interior diversos fósiles marinos. Toda esta evidencia circundante habla de una sola cosas: que los fósiles encontrados provienen del fondo marino que fue la cordillera de los Andes antes de que las placas de Nazca y Suramericana chocaran para sacarla a flote. Atrapadas entre grietas y cavidades quedaron cientos de miles de piedras arrugadas y multiformes, sumergidas en inmensos pozos de agua salada, que, con el paso del tiempo y con la presión de los deshielos, se escurrieron hacia los valles en grandes y amenazantes aluviones. Estos fantasmagóricos y veloces aludes de lodo, agua, criaturas acuáticas y vegetación moldearon las piedras hasta darles formas circulares y ovaladas, justamente las que hoy tapizan la finca Piedra Infinita, donde Sebastián Zuccardi, impulsor de este ambicioso proyecto, elabora vinos cargados del espíritu pedregoso y calcáreo de los suelos aluviales. Porque para esta bodega familiar los vinos ya no solamente expresan las propiedades de la variedad de uva con la cual están hechos. Lo que mejor transmiten es esa cadena de influencias ocultas que las raíces absorben del subsuelo.  Por eso dice: “Argentina tiene que hacer camino hablando de terroir, porque, si no damos este paso vital, estaremos condenados a no trascender” . El propósito de Zuccardi en esta zona es agregarles a los vinos un valor diferencial, porque, dice, ya no es suficiente con relacionar a Argentina con el Malbec. El nuevo paso es transmitir las características del terreno donde ese Malbec cobra vida.  La colección Aluvional está compuesta por cuatro vinos hechos con Malbec, pero originados en cuatro zonas distintas del Valle de Uco. Están el Aluvional La Consulta, Aluvional El Peral, Aluvional Paraje Altamira y Aluvional Vista Flores. Son tan diferenciados, que el cepaje pasa a un segundo plano. Su común denominador es el rasgo mineral, pero con expresiones diferentes: desde frutados y suaves hasta vibrantes, tensos, perfumados y florales. O sea, todo un mundo por descubrir. Seguramente así podrá cotejarlo usted cuando el primer embarque de Aluvionales toque puertos colombianos a finales de este año.

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