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Hace un par de meses el expresidente César Gaviria expuso una teoría que se embolató en medio de tantas noticias.
Sostuvo Gaviria que la única manera de sacar adelante el proceso de paz, consistía en hacer un referendo que no debería tener ninguna otra pregunta diferente a la de darle facultades al presidente Santos para modificar las leyes que, hoy por hoy, le impiden firmar un proceso de paz. De no hacerse, sería el Congreso el que tendría que acometer esas reformas que se necesitan y, es claro, que allí las cosas se podrían empantanar. En igual sentido se ha pronunciado el fiscal general Eduardo Montealegre a quienes sus detractores acusan de ser de las Farc, cuando muchos de ellos ni siquiera se han tomado el trabajo de leerse o de escuchar sus declaraciones con juicio. Gaviria y Montealegre han hecho la tarea juiciosamente y conocen ambos sobre las limitaciones que el marco jurídico para la paz le puso al presidente en este campo. Si este, que fue hecho antes de que Santos decidiera valerosamente meterse de cabeza en el proceso de paz, no se modifica, nos encontraríamos frente al absurdo de que hoy por hoy el presidente no podría, entre otras cosas, decretar un cese bilateral al fuego o crear zonas especiales para meter allí a los guerrilleros. Por eso resulta fundamental que el Gobierno, sin ambages, retome el tema del referendo, pues de lo contario no será posible alcanzar la paz que millones anhelamos. El problema radica en que cada vez que el Gobierno lo propone, entonces los enemigos de la paz saltan y arman un escándalo más mediático que real. No entiendo, y lo he dicho en varias oportunidades, qué es lo que pretenden los que se oponen al proceso de paz. Tal vez algunos prefieren vivir en medio de la guerra, que tan solo esta semana ha mostrado su maléfica cara con los actos criminales que ha hecho la guerrilla en contra de la población civil al dejar a miles de colombianos sin electricidad. No soy nadie para darle consejos al presidente y, tal vez, jamás se leerá esta columna, pero me atrevo a decirle que debe resucitar lo más pronto posible las propuestas de Gaviria y Montealegre si de verdad quiere sacar el proceso adelante. Miles de colombianos lo apoyaríamos para que pueda, en su calidad de jefe del Estado, expedir las normas que le permitan destrabar el proceso y culminarlo. Y no se trata de impunidades, como lo han dicho los enemigos, pues ya inclusive esta semana desde Cuba el comandante Alape dijo que ellos sí estarían dispuestos a pagar alguna pena, como deben pagarla todos los que han delinquido en esta guerra, sean militares, parapolíticos, paramilitares, empresarios, en fin. Esa pena podría ser la misma que adoptaron en Suráfrica, y es a través de una comisión de la verdad en donde todos cuenten sus delitos y reparen a sus víctimas. Conjuntamente con una justicia transicional la cosa funcionaria. El presidente Santos tiene la palabra y la decisión en sus manos. Atrévase presidente.