Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Todos saben qué pasó en Gorgona. Ese es el motivo de curiosidad más grande cuando se piensa en esta isla colombiana, ubicada en el océano Pacífico. Pero al llegar allí, el deseo de conocer la sonada cárcel pasa a un segundo plano y el imponente mar, repleto de ballenas jorobadas que alzan una gran aleta para mostrar su majestuosidad, acompañado de un aire puro cuidado por años y un silencio que se rompe con el sonido de las olas tocando la tierra y aves silbando sin parar, se convierten en los protagonistas.
El viaje empieza en Bogotá, pero puede tener su punto de partida en cualquier lugar que lleve pasajeros hasta Cali, Popayán o Buenaventura. Luego, en la capital del Valle, un avión lleva a los turistas hasta la población de Guapi, en el departamento del Cauca, de donde se dice fabrican las mejores marimbas del mundo. Después, en una lancha rápida, que empieza su recorrido sobre el río que lleva el mismo nombre de la población y cuya desembocadura conduce hasta el océano Pacífico, brindando un escenario natural difícil de presenciar en cualquier lugar del mundo, en un viaje que dura hora y media, se llega a la isla de Gorgona, nombrada parque nacional natural en 1985.
Este lugar, que pertenece al departamento del Cauca, no constituye una población ni tiene barrios en su territorio, menos aún calles pavimentadas, bares, discotecas o plazas. Aquí las únicas construcciones son seis casas y dos módulos habitacionales para el alojamiento de los turistas, con una arquitectura y comodidad que guarda total concordancia con el escenario natural.
Empieza la aventura
El plan turístico empieza con caminatas por senderos interpretativos de hasta tres o cuatro horas a lo largo de la isla, donde el encuentro con diferentes especies de culebras, aves, micos y una basta flora, propia del bosque húmedo tropical, hacen que los visitantes se olviden del cansancio y sólo se ocupen de apreciar las maravillas del lugar.
En todo el recorrido el mar es el gran acompañante que tiene su representación en Playa Blanca y Playa Palmeras, principalmente, como puntos de observación y descanso, pues la soledad, el fuerte oleaje y la ausencia de miles de turistas y vendedores permiten descubrir por qué este es un destino de playa, brisa y mar diferente.
Gorgona es poseedora de los bancos coralinos más desarrollados y diversos del Pacífico Oriental Tropical y los más grandes del Pacífico colombiano, por eso es un destino perfecto para la práctica del buceo. Una experiencia a 10 ó 20 metros de profundidad en la isla que no requiere certificaciones mundiales de buceo, pues allí dictan minicursos que permiten observar las bellezas marinas de esta parte del gran océano, con todas las precauciones que se necesitan.
Pero lo que nadie se puede perder de esta isla es el avistamiento de ballenas jorobadas, que llegan por decenas en el mes de julio para tener sus crías y se despiden en noviembre para volver hacia la Antártida. El espectáculo que ofrecen estos inmensos animales no tiene comparación: grandes aletas sumergiéndose, lomos saliendo del agua, cantos utilizados por los machos para conquistar a las hembras, ballenatos con sus madres aprendiendo a mover sus aletas y, si tiene mucha suerte, cuerpos de 18 metros brincando por encima del agua.
La visita a las ruinas del antiguo penal, del que sólo queda un pabellón, de los tres que existieron, es el plan histórico de una pequeña parte de la existencia de Gorgona (1960 a 1984), cuando los llamados criminales más peligrosos del país eran los habitantes de esta maravilla natural. Paredes y salones completos que recuerdan la enfermería, el comedor, las salas de castigos, los alojamientos y los baños aún se encuentran en pie.
Gorgona es uno de los destinos más originales del país porque allí convergen playas, senderos, animales únicos y secretos, presentados sobre fondo verde y azul, donde no hay lugar para el gris.