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Las lecciones de Venado y Jaguar

Weildler Guerra
05 de junio de 2015 – 11:00 p. m.

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UN BIEN ESCASO HOY EN COLOMBIA es la confianza. Los ciudadanos que desean ver el fin de un conflicto prolongado y estéril van adoptando un escepticismo creciente frente al futuro en la medida en que este depende también de las acciones de otros.

Se ha dicho que la confianza en medio de una negociación es una apuesta positiva sobre la conducta futura del otro. En la medida en que aumenta la confianza disminuye la incertidumbre. En contraste, la incapacidad de cumplir reiteradamente con lo prometido ocasiona un agotamiento emocional que nos lleva a la pérdida de confianza y nos devuelve con prontitud al corazón mismo de la incertidumbre. Sin embargo, en todas las circunstancias es necesario disponer de un sólido optimismo moral que consiste en una fe inquebrantable en la humanidad a pesar de sus errores.

Este momento que vive el país nos trae a la memoria un relato que un misionero italiano recogió en la Sierra Nevada de Santa Marta. Un padre indígena y su hijo buscaban un lugar en donde construir su casa. El niño vio una pequeña colina con gigantescos árboles, piedras macizas y un riachuelo cristalino y le dijo al padre que era el lugar ideal para levantar su vivienda pues dispondrían de todo el material para construir una casa sólida y duradera. El padre le dijo que antes de tomar la decisión debía escuchar el relato de Venado y Jaguar.

Un día estos seres tomaron la decisión de irse a vivir juntos. La primera tarea fue construir una casa fuerte en la que emplearon piedras, palmas y fuertes maderos. Cumplido su propósito durmieron en ella y a Jaguar le correspondió salir de caza y obtener alimentos para él y su compañero. Pronto el felino regresó con dos cervatillos en sus fauces que entregó a su acompañante. Cuando Venado vio que Jaguar devoraba a los de su especie, perdió el apetito y preparó la cena en medio del temor pero no probó bocado de ella. Por el contrario, Jaguar se sació y durmió profundamente. Al día siguiente correspondió al angustiado Venado traer la comida. No muy lejos de la casa encontró al Oso a quien contó sus desventuras. Este le prometió ayudarle a salir del mal paso. Al poco tiempo de andar juntos encontraron dos cachorros de jaguar a los que Oso dio muerte de sendos zarpazos. Venado regresó a la vivienda con los cuerpos aun tibios de los cachorros que entregó a Jaguar. Este se horrorizó al ver que Venado se alimentaba de jaguares y no probó la comida. Esa noche ninguno se atrevió a conciliar el sueño y al amanecer la sólida casa se quedó vacía. Poco tiempo después la lluvia y el viento la derribaron para siempre.

Al finalizar su relato el padre indígena le dijo a su pequeño hijo; “como escuchaste una casa se mantiene en pie por el espíritu de quienes la habitan. El material más preciado para su solidez y perdurabilidad no es la piedra, ni la palma, ni la madera sino la confianza”.

wilderguerra@gmail.com

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