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Es reiterado decir que nunca soñamos con esto, nuestros sueños siempre han sido medibles, alcanzables. Tal vez ilusiones pasadas y premios no obtenidos nos han hecho escépticos y lo único que nos queda es el trabajo permanente. Para hacer cine siempre estamos en competencia, competimos por premios para escribir, desarrollar, producir, posproducir. Una vez terminadas las películas, se compite en las salas, en los festivales. Hay una permanente competencia. Es una especie de selección natural en la que mueres si eres débil o te haces fuerte si lo superas.
El abrazo nos ha lanzado a un mundo desconocido. No soñamos con él pero parece que se abre como posibilidad. Hace un par de semanas tuvimos el almuerzo de nominados. Un par de días antes vi la foto de nominados de 2015 y empecé a ver como real ese mundo del Óscar. Tuvimos un día increíble. Las fotos que posteamos con Steven Spielberg, Emmanuel Lubezki, Roger Deakins, Leonardo DiCaprio y Matt Damon no son sólo las fotos de unos colombianos groupies en Hollywood: son el recuerdo del momento en que se desmitifica la Vía Láctea. Hablar con ellos y con tantos otros sobre nuestra película, sobre la experiencia real, sentirlos fascinados por nuestra experiencia en la selva, del trabajo en 35 mm… Fui a saludar a Lubezki (ganador de Óscar con Gravity y Birdman y nominado con Revenant) para tomarme una foto con él, pues mi hermano David (fotógrafo del Abrazo) es su fan. Su respuesta fue: “Dile que soy fan suyo también”.
Arrancamos la semana del Óscar. Hay mucha expectativa en Colombia, especialmente, pero también en Venezuela. Es la primera vez para los dos. He sentido que toda Latinoamérica está con nosotros; no creo que sea igual que cuando otras películas latinoamericanas han estado nominadas. Siento una expectativa auténtica. Desde nuestro inconsciente colectivo, nuestros genes indígenas, dominantes o recesivos, se manifiestan. Vamos a Los Ángeles casi 20 personas. Sólo entraremos seis a la ceremonia, pero habrá varios eventos previos de los que se enterarán por diferentes medios. Quisiéramos volver con la estatuilla en las manos. La realidad me dice que hay un 20% de posibilidades, así que el sueño amazónico puede continuar.