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La plaza de la Independencia de Kiev equivale hace dos meses a lo que fue la plaza Tahrir en El Cairo durante el período de la Primavera Árabe. A miles de kilómetros de distancia y con contextos políticos diferentísimos, la postal de cientos de personas reuniéndose para protestar se repite a diario. En Egipto fue la figura ya derrocada de Hosni Mubarak, mientras en Kiev se mantiene el rechazo a la imagen adversaria del presidente Viktor Yanukóvich. Es la oposición la que sigue protestando, pero con una diferencia que bien podría marcar una conclusión: en Ucrania la oposición es joven, por lo menos mayoritariamente menor de 30 años.
Aleksandra Zaitseva es estudiante de idiomas, tiene 25 años y vive muy cerca de Maidán, que es como llama a la plaza de la Independencia. Todos los días acompaña las protestas por al menos un momento y aunque la realidad ha cambiado comparada con la de hace dos meses —en los que ha habido margen para los enfrentamientos con la policía—, el espíritu sigue siendo el de conseguir objetivos políticos. La última batalla se dio para que a los manifestantes que han sido detenidos en estos meses les fuera concedida una amnistía, una exigencia que finalmente fue aprobada por el Parlamento y se convirtió en un gran logro complementario al de la renuncia del primer ministro Mykola Azarov y su gabinete, producida hace dos días. Sin embargo, Yanukóvich sigue allí.
Aleksandra Zaitseva, la estudiante y activista, explica que las protestas las han comandado los jóvenes porque están llenos de ilusiones de formar parte de la Unión Europea, lo que les abriría un amplio espectro educativo y posibilidades laborales: “no podría decir que entre nosotros crece un sentimiento antirruso. Prefiero decir que lo que crece entre nosotros es un sentimiento europeo”.
Con estas palabras, la joven ya ha tocado la principal clave de la crisis política que atraviesa el país: Ucrania se ha convertido en el blanco de disputa entre el polo de la Unión Europea y el de Rusia, que a su vez tienen sus ‘aliados’ en la política local: oposición y oficialismo, respectivamente.
Por eso, esta es la clave. La crisis y las protestas opositoras estallaron definitivamente cuando el gobierno se negó a firmar el Acuerdo de Asociación a la Unión Europea, resentida además porque la principal defensora de sus posturas, la exprimera ministra Yulia Timoshenko, permanece presa desde 2011, condenada por abuso de poder durante sus años en el gobierno (2007-2010) en un juicio tildado de “poco fiable” por la Unión Europea. La negativa oficial frente a la firma, echó al traste años de aproximaciones y la opción de entrar en la fase definitiva para la adhesión total de Ucrania al bloque.
Sin embargo, en la otra mano está Rusia y el poder económico que ejerce en Ucrania. Hoy en Maidán es común encontrar mensajes en contra del presidente Vladimir Putin, a quien acusan de interferir en la política interna. Su apuesta es clara: el Kremlin trabaja fuertemente en la construcción de una nueva fuerza regional, la Unión Aduanera, para la que ya cuenta con la matrícula de Kazajistán y Bielorrusia, y enfoca su ambición en los que en otro tiempo fueron territorios soviéticos. Entonces a Yanukóvich lo han arrastrado las dudas y sus dudas han arrastrado a la gente a las calles y a Maidán.
La crisis ahora está en una fase de conversaciones para llegar a acuerdos. Lo que parece claro es que difícilmente el país, tremendamente rico en recursos minerales, podrá tener las dos caras de la moneda para su crecimiento.
¿Por qué Ucrania sería un buen socio?
Más allá de los intereses políticos que median los deseos de la oposición y la batalla por la influencia regional, Ucrania es un país con buenas opciones para brindar en materia comercial: goza de abundancia de materiales como hierro, carbón, grafito, titanio, mercurio y níquel, entre otros. Además, es una nación extensa, con 580.000 kilómetros de tierra, de la cual el 58% es cultivable y con buen desarrollo en la producción de alimentos, tanto de granos como maíz y trigo, como de leche y carne por su ganadería bovina y porcina.
El factor Timoshenko
La aceptación de la figura de la exprimera ministra Yulia Timoshenko dentro de la oposición es tal, que el presidente Viktor Yanukovich ofreció a dos de sus aliados estar al frente del nuevo gobierno. Arseni Yatseniuk, “número dos” del partido Batkivschina, quien ha estado al frente de las protestas, fue propuesto por él para el cargo de primer ministro, y el exboxeador Vitali Klitschko también fue invitado a formar parte. No obstante, la propia Timoshenko, desde la cárcel, envió un mensaje en el que tildaba de “humillante” la protesta.
dalarcon@elespectador.com
@Motamotta