A mano alzada

Mundial: China vs Colombia

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El Mundial de fútbol en Rusia tiene un ganador seguro: China. Haciendo alarde de ser un jugador de formidable peso ha ganado sin tocar el balón. En el artículo “Cómo está financiando China la copa mundial en Rusia”, publicado en Week in China, se estima que la suma involucrada en este evento, el más costoso realizado hasta ahora, alcanza los US$15 billones. Pareciera que las estrellas que más brillan no son los futbolistas, sino las grandes corporaciones.

De acuerdo con lo que se dice en los medios, un tercio del patrocinio oficial que recibió la FIFA provino de siete firmas chinas que invirtieron US$835 millones, es decir, el doble de los aportes de las compañías estadounidenses. Aparte de este rubro, el resto de gastos en propaganda es impresionante. Con elementos sorprendentes como la aparición de anunciantes chinos desconocidos en Rusia y en Occidente y con avisos escritos en mandarín. Lo cual induce a pensar que el objetivo básico es crearse una imagen internacional para expandir su presencia en el mercado interno de China. Pero con una meta de país más contundente: la determinación de copar todos los espacios en todos los campos.

Probablemente las cifras mencionadas pudieron ser más elevadas. Sin embargo, el retiro de muchos patrocinadores por los escándalos de corrupción en la FIFA y por la antipatía que a algunos les produce Rusia debieron disminuir la puja. Pero la realidad es que los tres mayores jugadores en esta competencia son el grupo Wanda de China, que encabeza la lista, seguido por Adidas y Coca Cola.

Lo sucedido no está desconectado de lo que ocurre en otros terrenos. Los vacíos dejados por los patrocinadores tradicionales en el fútbol han sido llenados por los chinos. Igual a lo que se observa con la salida de Trump del Acuerdo Transpacífico que aceleró la reacomodación de Asia. Y en la misma línea, las modificaciones que traerá su retiro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Resulta muy evidente que el mundo se está transformando con la rapidez propia de estos tiempos. Es por ello que la pregunta sobre la posición de Colombia frente a estas realidades se torna inescapable. ¿Qué hacer con China, con Japón, con Corea? Son temas sobre los que no se habla y que deberían concitar un debate serio.

Desde el gobierno de Betancur, cuando el gobierno trató de impulsar la inserción del país en Asia, no ha sido posible consolidar una estrategia. Tímidamente se ha mantenido un esfuerzo para continuar en PECC (Pacific Economic Cooperation Council) con la esperanza de acceder a APEC (Asia Pacific Economic Cooperation). Pero la verdad es que PECC y APEC se han desdibujado al tiempo que otros nuevos, con los que no hemos tenido contacto, han aparecido. Seguimos anclados mientras el mundo avanza. Cuando fue posible intentamos jugar ajedrez, pero ahora el juego es el mahjong.

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