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Sin Álvaro Uribe Vélez en la jefatura del Estado, los escenarios paralelos de poder necesariamente cambian. A 162 días de entregar la Presidencia de la República, el primero y obvio remezón, después del fallo de la Corte Constitucional que echó abajo la posibilidad de un tercer mandato, lo sufre el Poder Ejecutivo, que en dos meses empezará la transición hacia el nuevo orden político de quien gane las elecciones el próximo 30 de mayo.
El segundo espacio de renovación será el Congreso. Aunque las expectativas estaban fundadas en que el uribismo, con Uribe en la Presidencia, ratificará sus mayorías, ahora la realidad cambia de plano. Como hoy no es claro quién será el presidente a partir del 7 de agosto de 2010, nadie puede especular cuál será el comportamiento del Poder Legislativo, si el nuevo inquilino de la Casa de Nariño tendrá mayorías y de qué manera van a acomodarse las bancadas para el cuatrienio 2010-2014.
Pero no sólo cambian las expectativas políticas. En los terrenos judiciales, sin Uribe a bordo en el debate electoral, también se aventuran cambios en el Poder Judicial. Por ejemplo, lejos de desempantanarse la elección del Fiscal General de la Nación, en interinidad desde agosto de 2009, la Corte Suprema de Justicia puede marcar un compás de espera hasta saber si el nuevo Presidente de la República puede participar en la elección de una nueva terna para elegir a la cabeza del ente investigador.
Hasta hoy, la elección del Fiscal de alguna manera estaba condicionada por la eventualidad de que el presidente Álvaro Uribe pudiera acceder a un tercer mandato. Cancelada esta opción y sin mayorías suficientes entre los candidatos Marco Velilla, Margarita Cabello y Camilo Ospina, el tema adquiere otro tono y, de cierta manera, entran en juego los aspirantes a la Casa de Nariño. ¿Qué puede suceder ahora? Nadie promete que sin Uribe en la plataforma política haya Fiscal a corto plazo.
También cambia el panorama de las Fuerzas Militares. Para nadie es un secreto que así como el refrán reza que cada torero trae su cuadrilla, todo presidente pone su cúpula. Esto indica que a largo o mediano plazo habrá remezón en las Fuerzas Armadas. De hecho, el actual comandante, general Fredy Padilla de León, ya llevaba más del tiempo establecido para ejercer el cargo. Aunque podría quedarse más tiempo si el próximo presidente lo amerita, lo cierto es que su presencia y la de sus pares es incierta.
Y de la misma forma como cambia la ecuación entre el poder civil y las Fuerzas Armadas, sin que cambie la política internacional, necesariamente también se viene un replanteamiento de las relaciones internacionales. En los últimos tiempos, la política exterior se ha caracterizado por una estrecha relación con Estados Unidos y continuos enfrentamientos con algunos vecinos como Venezuela y Ecuador. Aunque este esquema puede persistir o fortalecerse, se aventuran cambios.
“Sin importar quien sea presidente, yo creo que no habrá TLC en 2010 con Estados Unidos”, comentó el director del Centro de Política Internacional con sede en Washington, Adam Isacson, quien sin embargo estima que sin continuidad en el poder en cabeza de Álvaro Uribe, las opciones en este tema específico del TLC mejoran sustancialmente. Al menos así lo ratifica Peter Hakim, presidente del Centro de Análisis Diálogo Interamericano, quien define el asunto como “cierto alivio sin Uribe”.
Una interpretación que se explica a partir de saber que, si bien la política de Estados Unidos hacia Colombia no va a cambiar y las resistencias del TLC van más allá de Uribe, obviamente los ojos en Washington estarán muy atentos a saber quién será el nuevo Jefe de Estado. Pero no sólo estarán pendientes de esa misma circunstancia en Estados Unidos. También en Caracas, Quito, Lima, Managua o Panamá va a repercutir el asunto. Sobre todo en el vecino país de Venezuela, donde las relaciones con Hugo Chávez tendrán alguna modificación, por pequeña que ella sea.
De alguna manera, como lo explica el ex diplomático venezolano Pedro Borelli, a pesar de sus persistentes choques, Uribe y Chávez desarrollaron una relación de mutuo beneficio. En medio de sus peleas, cada quien ganó políticamente en su territorio. “Chávez pierde a un enemigo conocido”, sostiene Borelli. Esta sola apreciación demuestra que en el escenario de las relaciones internacionales, muchas cosas también pueden cambiar con la certeza de saber que en menos de seis meses habrá otro presidente en la Casa de Nariño.
En pocas palabras, cambian todos los escenarios actuales: las relaciones con los grupos guerrilleros, las perspectivas frente a los grupos paramilitares desmovilizados o en confrontación, la opción de acuerdos humanitarios y, por supuesto, las relaciones económicas. Y en este último aspecto, vital para cualquier Nación, es claro que hoy puede resultar el aspecto más estable. Como lo resalta el analista Juan Carlos Echeverry, independientemente de quien sea el presidente, la economía no va a cambiar el rumbo.
Sin embargo, en este terreno los imponderables son fuertes. El sistema de salud está en crisis, el mercado laboral no ofrece óptimas tasas de empleo, el sistema tributario es inequitativo y las expectativas energéticas no son muy claras. Todo puede cambiar y ello va más allá del nombre del presidente. Lo único claro es que, como lo advierte el director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional, Guillermo González, el solo fallo de la Corte ya inspira confianza a los inversionistas.
Así las cosas, sin Uribe en el juego del poder político, todos los escenarios del Estado, de la política y del sector privado cambian. Sobre todo porque después de casi ocho años en el poder, necesariamente hay un replanteamiento en todos los frentes. El más inmediato es el que renovará el Congreso de la República y le dará al país un nuevo presidente, pero a mediano plazo en los demás poderes públicos, en los organismos de control, en la economía, en las Fuerzas Militares, en las relaciones internacionales, de una u otra manera, todo vuelve a barajarse.