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En esta ocasión, bueno es recordarlo, como en cualquier otro censo, los errores no se harán esperar. Realizar el evalúo exacto de un inmueble no es tarea fácil; la ciencia para tal fin existe, pero cuando la tarea se multiplica, como en el caso de los 827 mil predios que fueron censados el año pasado y cuyos propietarios recibirán el monto de sus respectivos prediales a partir de la semana entrante, bien puede conducir a equívocos. Con todo, la administración distrital se encuentra preparada para reclamaciones de todo tipo, y sectores de la ciudad, usualmente reacios a cancelar el impopular impuesto, con seguridad saldrán a revirar y a exigir una revisión de las mediciones.
La actualización catastral no se realizaba desde 2003. El precio comercial de algunos predios, como es obvio, continuó su ascenso sin que el impuesto pagado por sus propietarios tuviese relación alguna con la cambiante realidad de la ciudad. El caso de afamados y exclusivos centros comerciales, como el Andino y Unicentro, en los que el predial cancelado por algunos locales era irrisorio frente a la valorización comercial de la zona en la que se encuentran, ponen a pensar en lo que pierde la ciudad y explican los aumentos en el avalúo que se han anunciado, en algunos locales, de más del 100 por ciento. Peor aún, en los noventa y antes de que el sistema con el que inicialmente se realizaba la medición fuese modernizado, el número de predios inscritos no pasaba de 400 mil. Ya para 2007 el número se elevó a un millón 900 mil, y el valor del recaudo, en los últimos 15 años, se multiplicó por cuatro.
Nadie niega que las labores adelantadas por la Unidad Administrativa de Catastro Distrital, pese a que el nivel técnico de sus funcionarios no es el ideal y exige una revisión, son esenciales para la planificación de una ciudad: la información lograda con técnicas de georreferenciamiento espacial permitirá la elaboración de políticas públicas aplicadas a una ciudad real y no imaginada, y más de uno tendrá que rendir cuentas por propiedades que de manera injusta aportan menos de lo que han recibido en infraestructura y otras variables con las que el desarrollo urbano les ha favorecido. Difícil y errático oponerse, pues, a las virtudes y bondades de la actualización catastral para poner en orden la casa.
Sin embargo, en la práctica, el momento escogido para elevar la carga impositiva de los bogotanos parece bastante inapropiado y muestra un gran desprecio por la realidad. Imponer mayores cargas fiscales sobre las empresas y las familias bogotanas, justo en medio de una crisis económica mundial y de una profunda desaceleración de nuestra economía interna, parece todo lo contrario a lo que recomienda la lógica para estos tiempos. Tanto más en cuanto, como lo han advertido ya algunos comentaristas, las finanzas de la ciudad no están ni mucho menos en crisis y urgidas de nuevos ingresos.
Por lo demás, sugerir que el predial no es propiamente un impuesto, que es como muchos políticos han intentado que la ciudadanía asuma su responsabilidad con las finanzas de Bogotá, es irresponsable y nada estratégico. Si la alcaldía de Samuel Moreno decidió, después de realizar concienzudamente la actualización catastral, que el incremento en el avalúo para predios residenciales estará entre el 18 y el 38 por ciento, no puede esperar que el ciudadano pague gustosamente sin antes retomar añoradas y ahora olvidadas estrategias de cultura tributaria.