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El negociar en medio del conflicto genera un desgaste en la opinión pública que tan sólo favorece a los enemigos del proceso de paz. Para avanzar en las negociaciones es importante reconstruir el cese al fuego.
Algo que tienen en común casi todos los ceses al fuego durante negociaciones de paz es que en algún momento se rompen. Ha sucedido en los conflictos de Sudán del Sur, Israel y Palestina, Ucrania, Sri Lanka, Liberia, Irlanda del Norte, en fin. En algunos se supera la crisis y en otros no. Confiemos en que los equipos negociadores de La Habana sepan navegar esta tempestad.
La situación es delicada. Se está imponiendo la lógica de «si ellos nos dieron duro nosotros les damos dos veces más duro», y eso no lleva a una solución pacífica del conflicto sino a más crisis.
Juan Manuel Santos está transitando un doble camino que tiene en el filo de la navaja al proceso de paz. Para mantener una popularidad que se le escapa de las manos como arena, procura contentar a quienes quieren negociaciones y a quienes quieren mano dura. La maldición de los que desean satisfacer a todos es que terminan molestando a todos. Si Santos ha decidido correr el riesgo de jugar la carta de la paz, no va a ganar la partida haciéndolo a medias, es decir dando luz verde a acciones militares de retaliación. A menos que esté tomando un riesgo calculado, aunque eso es improbable.
A juzgar por la información de la que se dispone, que es poca, lo que parece haber ocurrido es que se está tratando de dar contentillo a quienes quieren ver un presidente con mano dura, y darle un giro a su creciente impopularidad. Sin embargo, en este punto el proceso de paz necesita de menos acciones armadas para avanzar, no de golpes mediáticos. Cada acto de guerra lo debilita.
Y dado que los actos de guerra, de lado y lado, fortalecen políticamente a los enemigos del proceso, entre ellos al Centro Democrático, para proteger las negociaciones es preferible tener la menor violencia posible, y lidiar con sangre fría y mediación internacional las futuras rupturas en los ceses de hostilidades.
También es importante reconocer que las encuestas, de ser una medida fiable de la opinión pública con respecto al tema, revelan una opinión extremadamente volátil. En algunas encuestas el resultado ha sido que el 30% de los colombianos apoya el proceso y en otras que el 70%. Además, arroja contradicciones confusas. En la encuesta que daba un apoyo de 70%, se precisaba que sólo el 53% pensaba que el proceso sería exitoso. ¿Entonces por qué apoyan un proceso que no creen que resultará?
Si se atiende a la voz de los escépticos del proceso de paz se corre el peligro de convertirla en una profecía que se cumpla a sí misma. En especial porque no observan desapasionadamente los resultados positivos que ha dado tan sólo el abrir negociaciones con las Farc. Es evidente la significativa y constructiva reducción de la violencia en estos años. También han caído los secuestros a prácticamente cero, y en los casos en que se han presentado, las liberaciones han sido expeditas.
La dinámica sí está funcionando y los incidentes que tienen en crisis el proceso son, en definitiva, una anomalía.
Un caso anómalo merece un tratamiento especial. Las dinámicas de la guerra en cada región tienen particularidades y las Farc son un grupo grande, sobre el que probablemente el Secretariado no tiene un control homogéneo. Si reconocer estas diferencias y proceder según ellas protege al proceso de crisis, vale la pena explorar estas opciones. Si en algunas regiones resulta menos complejo mantener el cese al fuego, se puede mantener, y también se pueden plantear ceses bilaterales en ciertas áreas, para construir confianza entre las partes.
El Cauca podría tratarse como una zona especial, que requiere de medidas de desescalamiento estratégicas. Hay pocas cosas más difíciles de implementar que un cese de hostilidades. Por eso a menudo es necesario echar mano de los detalles y los atenuantes, trazar líneas en los mapas para que los ejércitos no se crucen y, nuevamente, permitir un acompañamiento internacional más cercano a los ceses de hostilidades. Hay opciones sobre la mesa que se pueden explorar, pero la menos ventajosa para el proceso ciertamente es hacer más guerra.
Twitter: @santiagovillach