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Las ruanas de Robin Hood

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“Robin Hood es un calificativo que resulta bastante interesante: quienes conocieron su historia saben perfectamente que luchó y salió en la defensa de las clases populares”, Pablo Escobar Gaviria.

ALGUNOS ASPECTOS DE LA CULTURA se convierten en una especie de ADN. Las ciencias sociales han estudiado hasta el cansancio las cicatrices que el narcotráfico ha dejado en Antioquia y su impacto en la sociedad actual: es un asunto que supera al dinero fácil, el desprecio del valor de la vida o la narcoestética que permeó todos los estratos sociales.

En época preelectoral, dichas herencias adoptan un rostro y una voz conocidas…

Esta semana, el candidato a la Gobernación Luis Pérez Gutiérrez dijo en Bluradio: “Soy un líder popular. He luchado por la gente más humilde […] el ser líder popular en Colombia es sospechoso”.

“Luis XV”, como se le conoce en Antioquia (no precisamente por su majestad), no es el primero ni el último redentor. Cuando se le pregunta por sus vínculos políticos con César Pérez García (tras las rejas por la masacre de Segovia) o con Rocío Arias (condenada por parapolítica), evoca la creación del Banco de los Pobres. El mismo tipo de comodín que, ante los micrófonos, fue “Medellín sin tugurios”.

“Soy una persona que lucha esencialmente por la gente más necesitada para hacer transformaciones notables en los barrios populares y por eso la gente me quiere. Soy un candidato de opinión. Los periodistas se equivocan al creer que opinión es lo que opinen los ricos”, señaló el aspirante a la Gobernación.

Como si no fuera suficiente la polarización que desde 2002 tiene al país enfrentado entre “buenos” y “malos”, Pérez pretende profundizar la división de clases.

“¡Temblará la aristocracia!”, clamaba en plaza pública el jefe del Cartel de Medellín.

De los narcos perduran otros paradigmas, como el sometimiento de las mujeres. Liliana Rendón –defensora acérrima de Luis Alfredo Ramos–, también candidata a la Gobernación de Antioquia, podría ser el canon. Para limpiar sus culpas tras su célebre frase “si mi marido me casca, sería porque yo me lo gané”, pronunció un discurso en la Universidad Pontificia Bolivariana (mayo 3 de 2013): “Yo defendí a un gran ser que cometió un error, se arrepintió y dijo: discúlpemen (sic), perdónemen (sic) […] lo que yo hice fue decir dónde está la mujer, por qué no aparece, violentó a ‘Bolillo’ con dos cachetadas”.

No solo las elecciones exacerban el “mafiosito interior” que habita en algunos políticos. Hace unos días, sobre la pista de resonancia de Asdesilla, “El Vaticano Uribista”, se enfrentaron en duelo de chalanes el senador Álvaro Uribe y el ministro de Agricultura, caucano, Aurelio Iragorri.

Sin duda, algunos políticos paisas son dignos exponentes del folclor traqueto, subordinado a principios excluyentes y valores religiosos al servicio de una ética personal.

“Cuando se hace la voluntad de Dios, no hay corrupción”, diría el padre Rafael García Herreros.

Y hay quienes todavía creen que Pablo está muerto.

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