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Trapos con semen, una vagina hecha de pasta, wedgies –mejor conocido como el “calzón chino”–, cuartos oscuros; estos fetiches y más, son algunas de las cosas que se encontrarán en la muestra de cortometrajes queer ‘Un rapidín’, el próximo sábado 25 de enero en la Cinemateca Distrital de Bogotá. Una exposición que reúne a artistas colombianos y de otras partes del mundo, con muestras audiovisuales sobre fijaciones, fetiches y otros elementos que van más allá de la genitalidad pero que despiertan el apetito sexual.
El Kuir Bogotá es un festival de cine y arte queer fundado por Olga Robayo. En 10 años de funcionamiento ha sido una plataforma para que artistas queer nacionales e internacionales expongan su trabajo. En esta edición contará con la presencia de 25 creadores internacionales en la muestra “Fixations” y cinco colombianos en la muestra “Más que un territorio, una cuerpa”. Los de esta última son: Manu Mojito, Juan Ruge, Felipe Lozano, Simón[e] LaPateau y Nadia Granados.
La muestra ‘Un rapidín’ tendrá sus puertas abiertas al público, con entrada libre, este sábado 25 de enero desde las 7:00 p.m. en la Cinemateca Distrital de Bogotá. El Espectador entrevistó a Diego Barriga, curador de la exposición, sobre la selección de las piezas, lo queer en el festival, el concepto de “cuerpa” y la diversidad en la sexualidad.
¿En qué consiste el festival?
El festival se compone de dos curadurías: “Fixations” (Fijaciones, por su traducción al español) y “Más que un territorio, una cuerpa”. La primera explora la sexualización de nuestros deseos y fantasías, con representaciones que abarcan desde lo explícito hasta lo figurativo. No se limita únicamente a la exhibición del cuerpo: incluye también animación y material de archivo. Por otro lado, la segunda curaduría, que estuvo a mi cargo, se centra en el contexto colombiano. Fue un reto encontrar artistas en Colombia que trabajaran el tema del cuerpo y el deseo, en especial porque aquí resulta casi imposible desvincular el arte de la política. Me resultó fascinante descubrir cómo los artistas queer utilizan el cuerpo como una herramienta de resistencia.
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Las fijaciones y los fetiches son experiencias comunes para la mayoría de los seres humanos. ¿Cómo se abordan desde una perspectiva queer?
El objetivo del festival es romper los tabúes en torno a la sexualidad. Cuando observas la sexualidad desde una lente queer, ya estás incorporando una visión diversa que va más allá de las identidades; incluye también las acciones y expresiones sexuales. No quiero decir que las personas heterosexuales no puedan tener fantasías sexuales, pero estas no suelen ser tan aceptadas o exploradas como en los espacios queer. Ser queer implica, en esencia, desafiar las limitaciones sexuales y usar el cuerpo como medio de expresión. En contraste, en los contextos normativos, la sexualidad tiende a estar más restringida.
Aunque existen festivales de cine pornográfico convencional y heterosexual, en el ámbito queer lo sexual (no solo como acto, sino como expresión) puede convertirse en un medio para comunicar algo o incluso para criticar. Esto es algo poco común dentro de la heterosexualidad. Si bien todos los cortos del festival exploran la sexualidad, no se trata de una sexualización puramente pornográfica, sino de una reflexión profunda sobre el cuerpo o, más bien, la cuerpa.
¿Por qué “Más que un territorio, una cuerpa”?
En los espacios heteronormados, el cuerpo está lleno de limitaciones. En Colombia, la heteronorma no solo se vive a nivel personal, sino también territorial: ser queer en Bogotá es muy distinto a serlo en un pueblo pequeño. En este contexto, las normas sociales fragmentan el cuerpo y lo transforman en un territorio político. La sola existencia de un cuerpo queer que desafía esas normas ya es, en esencia, un acto político. Así, tanto lo sexual como lo político se manifiestan a través del cuerpo. La forma en que te vistes, actúas, caminas o incluso te cortas el pelo se convierte en una declaración política.
Hay una diferencia entre el cuerpo con el que nacemos y la cuerpa que construimos y usamos para habitar el territorio. Mientras que la curaduría de “Fijaciones” explora cómo el cuerpo vive el placer, “Más que un territorio, una cuerpa” muestra cómo el cuerpo puede encarnar una crítica. Por ejemplo, si un hombre usa falda, aunque no existe ninguna ley que lo prohíba, puede enfrentar rechazo porque desafía lo establecido. En este sentido, todo lo que hacemos con el cuerpo tiene un profundo potencial político.
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¿Por qué cuerpa en lugar de cuerpo?
El cuerpo, desde el lenguaje, se entiende tradicionalmente como algo masculino. Usar “cuerpa” propone ir más allá de la estructura normada que ese término implica. Una cuerpa no está limitada por la norma: puede ser cualquier cosa. Puede ser un monstruo, algo que desafía al sistema, una creación in vitro o algo considerado antinatural dentro de ciertos territorios. Pero, ¿en qué territorio? La cuerpa trasciende estas fronteras y se convierte en una herramienta fundamental para la creación artística, rompiendo esquemas y cuestionando lo establecido.