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En el debate sobre el aborto, el presidente de la República, Iván Duque, trajo un argumento que siempre sale a la luz cuando una sociedad está al borde de dar un paso hacia el progreso, la inclusión y la protección de las libertades individuales. Según el mandatario, salirse de las tres causales vigentes para permitir un aborto es “un cambio muy fuerte para la sociedad colombiana”. En otras palabras, pregunta si Colombia está lista. La Corte Constitucional no debe dudar de que la respuesta es un vehemente sí.
Estas preguntas de hace unos años deben sonar familiares: ¿está el país listo para que las mujeres voten? ¿Está el país listo para que las parejas del mismo sexo tengan derechos? ¿Está el país listo para que la educación sexual se imparta en los colegios? No hay que ir tan lejos. En vísperas de la sentencia C-355 de 2006, que estableció las tres causales para el aborto legal, en columnas de opinión y en los micrófonos de los medios se escuchó lo mismo: Colombia no está preparada para un cambio de esa magnitud. Aun así, la Corte tomó una decisión histórica y el anunciado apocalipsis nunca llegó.
Hay que darle la vuelta a esa pregunta. ¿Cómo no va a estar lista la sociedad para que las mujeres dejen de tener miedo de ir a la cárcel por un acto que han hecho históricamente y que seguirán haciendo? ¿Cómo no estamos listos para reducir, de una vez por todas, los abortos clandestinos que cobran vidas y han provocado una crisis de salud pública? ¿Cómo no estamos listos para que las mujeres colombianas puedan hacer valer su autonomía y tomar libremente las decisiones sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida? ¿Está el país listo para la legalidad y para abandonar el punitivismo, la clandestinidad y la muerte? Por supuesto que lo está.
Si los magistrados se suman a la ponencia de su compañero Alejandro Linares, que despenaliza el aborto hasta la semana 16, simplemente estarán reconociendo lo que ya han hecho en sentencias pasadas: que el país, con el mundo, ha cambiado. Hoy hablamos de derechos sexuales y reproductivos como derechos fundamentales, y eso es un cambio sustancial. No se puede buscar una salida fácil y decir que es cosa juzgada, porque sería darles la espalda a los cambios sociales y a los derechos de las mujeres.
La Constitución está viva. A lo largo de las casi tres décadas de vigencia, la Corte Constitucional ha hecho una excelente labor en reconocer que la Carta se tiene que adaptar a los cambios sociales, en especial en derechos sexuales y reproductivos. Es así como, en sus sentencias, el alto tribunal ha reconocido que la educación sexual es una parte esencial de la educación de las colombianas, que el delito de propagación del VIH o de la VPB era inconstitucional porque la cárcel no es una solución para un problema de salud pública, que las parejas del mismo sexo tienen derecho a formar familias. Esta semana, la Corte reconoció que las mujeres sin suficientes recursos económicos tienen derecho a acceder a la fertilización in vitro gratis. En cada una de esas decisiones, los magistrados han dicho: sí, el país está listo. Y la realidad ha confirmado que así es.
No aprobar el aborto libre es seguir diciendo que en Colombia hay maternidades obligadas, seguir censurando la discusión abierta de los derechos sexuales y reproductivos y continuar fomentando la clandestinidad. Eso es lo que en verdad, para usar las palabras del presidente, “sería muy duro para nuestra sociedad”.
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