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A un récord histórico llegaron los índices accionarios en Colombia, valorizándose en lo corrido del año 31,3%, sólo superados en el mundo por la bolsa chilena con 34%. Las razones para esa euforia alcista o bull market (por aquello de que los toros embisten echando arriba su cabeza) se debe a la abundante liquidez, la recuperación económica local, la eversión de los flujos de capitales a EE.UU. y Europa, las ventajas tributarias de la inversión en acciones y fondos institucionales que cada vez retienen más proporción de las acciones flotantes de nuestro reducido universo de alternativas para invertir en renta variable.
Ahora bien, las tendencias no son eternas y la exuberancia irracional de los mercados en algún momento llega a su fin, por lo que un llamado a la prudencia se debe hacer en este momento. Por ejemplo, en esta columna —del 28 de agosto— se anticipó el salto de la acción de Davivienda desde los $16.000 de la emisión por encima de los $20.000, pronóstico que se cumplió. Cabe recordar que cuando uno compra acciones no compra el pasado, sino el futuro, y aunque todo parece muy prometedor en Colombia, a nivel mundial muchos problemas generados por la reciente recesión no se disipan.
Además, en un mundo globalizado para el flujo de capitales, éstos salen como entran y algunas empresas ya parecen caras en comparación con sus pares internacionales. Pronto se conocerán las utilidades empresariales del tercer trimestre y al parecer vendrán muy jugosas. Sin embargo, el desempleo no cede y las exportaciones siguen concentrándose en petróleo y minerales.
Nadie sabe cuándo se está dando y desafortunadamente sólo existe un método para saber de una y es esperar el día siguiente de que ésta revienta, por ello no sobra tomar utilidades y guarecerse en el burladero mientras el toro sigue embistiendo.