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Carta a doña Nelly

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APRECIADA DOÑA NELLY:

Hoy contesto su carta que me enviara en días pasados, asumiendo —como corresponde— una amorosa defensa de su hijo Sigifredo. Y la esperaba, pues cuando escribí en este mismo espacio sobre la responsabilidad de su hijo, por el caso de los diputados del Valle, lo hice de buena fe, asumiendo, erróneamente, que la Fiscalía sabía lo que estaba haciendo.

Me equivoqué al tomar como propio ese procedimiento judicial, que a la postré estaba viciado, como lo reconoció con gallardía el propio fiscal general, Eduardo Montealegre. Sin ánimo de excusarme, sólo atino con escarmiento a decir que si la propia Fiscalía fue engañada, lo mismo nos pasó a muchos periodistas.

Debe saber usted, doña Nelly, que no tengo nada personal en contra de Sigifredo. Por el contrario, he concurrido con él a algunos eventos y tengo por su hijo respeto y admiración por sus posiciones valerosas en contra de todas las formas delincuenciales organizadas que han azotado a miles de familias colombianas entre las que me encuentro.

Conozco por boca de su hijo y de sus amigos la dedicación y el amor con el que usted levantó a su familia, amor que sólo una madre puede dar, ya que no puedo pensar en algo más grande que ese amor maternal, como no sea el propio amor de Dios, que a diario se nos manifiesta en cosas maravillosas, grandiosas, generosas.

Al ofrecerle mis excusas, que espero acepte sin rencores, aun cuando tendría derecho a tenerlos, pero su corazón grande se lo impide, quiero decirle que lo hago no como un acto de contrición obligado, sino como un acto de aquellos que brotan del corazón que, muchas veces, es injustamente opacado por una mente que suele dictarnos necedades.

Que importante ha sido para mí leer una y otra vez este proverbio: “No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él”, pues al escribirle esta carta lo único que no puede estar presente es la terquedad del necio y la arrogancia del que sabiendo que no tiene la razón se escuda en sus perniciosas ideas, antes que en los sentimientos que le dicta el corazón.

Espero doña Nelly que en lo que le queda de vida pueda usted disfrutar del amor de sus hijos, amor que físicamente le fue arrebatado por unos criminales, pero que se fue fortaleciendo con el paso de los días que su hijo estuvo secuestrado. Sigifredo, su esposa y sus nietos deben ser para siempre la razón más importante para levantarse a diario, agradeciéndole a Dios que, espero, la guarde por muchos años más.

Notícula:

Qué locura lo que está pasando con los estudiantes que, bajo los efectos del alcohol, se están matando entre ellos, destruyendo a sus familias.

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