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Detrás de un gran hombre hay varias mujeres

El estratega bogotano Pedro Rodríguez, asegura que su equipo puede pelear el título mundial.

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En 1985 la selección juvenil que dirigía Luis Alfonso Marroquín cambió el rumbo del fútbol colombiano. Esa generación fue la que nos enseñó a ser protagonistas en torneos internacionales e incluso a ganar algunos de ellos.

Ahora, el equipo Sub 17 es el que quiere volver exitosa la hasta ahora incipiente historia del balompié femenino de nuestro país.

Y el Marroquín del nuevo milenio se llama Pedro Rodríguez, un técnico bogotano nacido el 9 de septiembre de 1963, artífice del reciente título suramericano prejuvenil y de la primera participación de un equipo de mujeres colombianas en un mundial de fútbol, el que se realiza en Nueva Zelanda.

El fútbol es su obsesión

Rodríguez se crió en el popular barrio San Fernando de la capital del país y desde muy chico se dejó seducir por el balón. Primero jugó micro y después fútbol. “Era volante de creación. Y de los buenos”, asegura sin modestia.

Vivía por y para el deporte. De hecho, sus estudios básicos los realizó en siete colegios diferentes porque, como se la pasaba jugando, dirigiendo y organizando campeonatos, de todos los planteles educativos lo echaban.

Después de pasar por los clubes Independiente Bogotá y Atenas, fue convocado por el técnico César David Sánchez a una selección distrital, en la que entendió el rigor del entrenamiento diario, la disciplina y el trabajo físico.

Sin embargo, pocos días antes de un campeonato nacional destituyeron al técnico y el que llegó a reemplazarlo decidió renovar la nómina. “Fue una desilusión muy grande y a eso se sumó meses después una lesión de ligamento cruzado anterior, que en esa época era gravísima, así que decidí más bien dedicarme a los estudios”, recuerda Rodríguez, quien para entonces iniciaba su carrera de Educación Física en la Universidad Pedagógica.

Y como tenía liderazgo, no dudó en hacerse cargo del equipo de fútbol femenino de la institución, con el que participó en varios torneos nacionales.

Después de graduarse consolidó sus conocimientos al lado de Gabriel Ochoa Uribe y Vladimir Popovic, durante una breve estadía en Cali.

“Me gusta mucho prepararme. Leer sobre táctica, estrategia y manejo de grupo. Soy hasta intenso con eso”, explica Pedro Rodríguez desde Auckland, en donde el viernes su equipo empató con Canadá. “Tengo 11 libros que compré cuando veníamos para acá y todos los días los hojeo”.

Hombre de la academia

Durante casi una década, Rodríguez dirigió equipos masculinos y femeninos de empresas e instituciones educativas. También estuvo en las divisiones menores del Santa Fe.

Después llegó a trabajar en el programa de Rendimiento Deportivo del Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte y creó su propio club, el Besser, que se convirtió en la base de las selecciones femeninas de Bogotá.

Hasta que en 2007 el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol estudió su hoja de vida y decidió contratarlo para dirigir la Sub 17, que tenía que participar en enero pasado en el Suramericano de Chile.

“Acepté el reto y lo único que pedí fue mayor tiempo de concentración. A las niñas lo primero que les exigí fue disciplina, actitud y mentalidad ganadora”, cuenta.

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Rodríguez tuvo que dejar sus compromisos con el IDRD, las universidades y su propio club, para dedicarse de lleno al equipo tricolor.

“Comenzamos a implementar, además de nuestros conceptos tácticos, algunas estrategias para lograr el éxito. Les inculcamos a las chicas la idea de hacer del fútbol su proyecto de vida”, señala Pedro, el octavo de nueve hermanos en el hogar de Ismael Rodríguez y su esposa Mercedes.

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En Chile, sus chicas no solamente conquistaron el título, sino que impresionaron con su toque-toque. Se ‘bailaron’ incluso a las favoritas, Brasil y Argentina.

Y ahora están en Nueva Zelanda con la firme misión de iniciar un proceso exitoso que sirva para que el fútbol femenino se masifique y crezca en Colombia. “Queremos seguir con este grupo para disputar torneos Sub 20, mayores y olímpicos. Formar jugadoras de talla internacional”.

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Y ya hay varias. Pues según Rodríguez, en los últimos tres meses les han llegado a varias de sus dirigidas ofertas para ir a jugar a Europa o estudiar becadas en los Estados Unidos. “La universidad es muy importante, ni más faltaba, pero el fútbol no da espera. Y en el alto rendimiento pueden tener muy buenos dividendos económicos”, les dice a sus muchachas, a quienes además les exige ser muy femeninas y estar siempre bien arregladas.

Después del mundial, Pedro viajará a un curso en Chile y posteriormente descansará un par de semanas al lado de su esposa, Amanda Pachón, y su hijo Sebastián Esteban, quien tiene 15 años y juega como volante creativo.

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Después retomará los entrenamientos y sus actividades cotidianas, pues además se dedica al comercio, compra y vende propiedades, importa juguetería e incluso está pensando en exportar.

Él y sus jugadoras están cambiando la historia del fútbol femenino colombiano, así como lo hicieron, hace 23 años, Marroquín y sus muchachos. Esos son los equipos que dejan huella.

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