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El presidente, Juan Manual Santos, anunció que durante la primera quincena de octubre Oslo será el escenario de la instalación del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Farc. Luego, mientras se desarrollan las conversaciones en La Habana, Noruega y Cuba seguirán siendo facilitadores y Venezuela y Chile actuarán como acompañantes. El conflicto colombiano es uno más entre varios a los que se les ha buscado solución, algunos con éxito y otros no, teniendo como anfitrión o mediador al país nórdico, considerado el centro para las negociaciones de la paz en el mundo.
Noruega tuvo una participación exitosa en 1996 en el acuerdo de cese al fuego entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Guatemalteca, y aún está involucrado en la búsqueda de paz en Sudán. En Somalia, Nepal, Uganda, República del Congo y Filipinas, entre otros países, también ha sido clave en la solución de conflictos.
Kristian Harpviken, director del Instituto para la Investigación de la Paz de Oslo, le dijo a El Espectador que el gobierno noruego reporta estar involucrado en 20 procesos de paz en el mundo. “Muchos de los compromisos que tiene no son conocidos públicamente, y sigue el conflicto colombiano desde los años 80”. Según le asegurara a este diario Jan Egeland, exvicecanciller noruego y enviado especial de la ONU a los diálogos de paz en el Caguán, Noruega ha estado interesado en el conflicto colombiano desde 1999. De hecho, fue parte del grupo de países amigos del proceso de paz.
Vegard Bye, investigador del Instituto Noruego de Asuntos Exteriores, afirma que su país “trató pero falló en Sri Lanka”. El gobierno esrilanqués derogó en 2006 los acuerdos de alto el fuego con la guerrilla de los Tigres Tamiles, firmados en 2002 gracias a la mediación de Noruega, que había establecido una misión de supervisión con personal de ese país, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia.
Luego de la tregua, la misión constató que se violaban los acuerdos: los tamiles adquirían armas y el ejército los atacaba. En 2009 el Gobierno lanzó una nueva ofensiva militar y el conflicto terminó en el nororiente del país, donde los últimos tamiles fueron rodeados por el Ejército y se rindieron.
Este conflicto ha sido comparado con el proceso vivido hasta ahora en Colombia, porque los diálogos de paz se hicieron sin intenciones sinceras de negociación, los grupos insurgentes llegaron a controlar ciertas zonas del país, no se aplicaron programas de reparación y restitución de tierras para víctimas y desplazados, y no se concertó a nivel internacional cómo debería ser la paz. A Sri Lanka llegó una paz sin proceso, mediante un derramamiento de sangre que dejó más de 70.000 muertos.
El conflicto palestino-israelí es otro ejemplo que no se concretó. Las negociaciones previas al acuerdo de Oslo de 1993 transcurrieron en secreto en esa capital y lograron que Israel y la Organización para la Liberación Palestina (OLP) alcanzaran un reconocimiento mutuo en septiembre de ese año. Yitzhak Rabin (representante de Israel) y Yasser Arafat (de la OLP) firmaron la Declaración de Principios sobre un Gobierno Autónomo Provisional Palestino y así nació la Autoridad Nacional Palestina, pero quedaron en el tintero problemas como el control de Jerusalén, las fronteras y el retorno de los refugiados palestinos que huyeron de sus hogares cuando se estableció Israel en 1948.
Esos factores, entre otros, han hecho que el proceso esté estancado desde 2010 y hoy Israel continúe con el bloqueo territorial y marítimo de Cisjordania y de la Franja de Gaza, así como con la construcción de asentamientos en territorios ocupados. Palestina cumple un año tratando de obtener el reconocimiento como Estado miembro de la ONU.
Morten Andersen, otro investigador del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales contactado por este diario, añade que su país quiere y puede gastar recursos en resolución de conflictos para promover su imagen de nación de paz. “Normalmente, el país es visto como neutral y se considera que no está interesado en influir en otras naciones. Normalmente ha sido facilitador, más que mediador”. Es decir, ha funcionado como escenario neutral sin hacer propuestas a las partes para la búsqueda de un acuerdo.
Cuba, en donde se desarrollarán las conversaciones tras la instalación en Oslo, será un actor similar a Noruega en el proceso de paz. Julio Londoño, exembajador de Colombia en La Habana y actual embajador en La Haya, asegura que la isla caribeña tiene mucho que ofrecer al proceso, pues “ha actuado como eficaz y objetivo facilitador en intentos que se han hecho anteriormente”. Durante el gobierno de Álvaro Uribe, en 2006, se iniciaron diálogos con el Eln en Cuba. En 2007 las conversaciones siguieron en Caracas, aunque finalmente no se concretaron acuerdos.
Un desafío para Noruega y Cuba gira en torno a su percepción de la guerrilla. Harpviken dice que “algunos actores internacionales ven a las Farc como un grupo de oposición con intereses políticos genuinos, mientras que otros las ven como un grupo criminal. Es importante que haya concertación, unificación de criterios y que los negociadores se retiren cuando vean que su papel ya no es útil”.
La presión internacional, en todo caso, no es suficiente para lograr la paz y esta es quizá una de las más importantes lecciones que el gobierno colombiano puede aprender del pasado. Andersen cuenta que Pastrana fue el primer presidente que llevó el problema interno de Colombia al nivel internacional. “Pensó que así pondría presión en las guerrillas, pero el proceso no estuvo acompañado por reformas internas y a la ONU no le permitieron cumplir una misión de mediadora sino hasta muy tarde. Colombia tampoco buscó la participación activa de sus vecinos para asegurarse una asistencia diplomática cercana”.