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El sector azucarero es consciente de la realidad social y económica del valle del río Cauca y del rol que desempeñan para su desarrollo. Más allá de los 252 mil empleos directos e indirectos que generan y del millón de personas que dependen de esta actividad, en 2007 los ingenios invirtieron cerca del 17% de sus utilidades netas, lo que equivale a 25 mil millones de pesos en programas de responsabilidad social en áreas como educación, recreación, cultura y vivienda. Los ingenios están comprometidos con el futuro y así lo plasmaron en un plan de gestión social para los próximos 10 años, el cual será desarrollado en alianza con instituciones del Estado y grupos de la sociedad civil en los municipios donde tienen influencia.
El sector agrícola colombiano en los últimos años se ha visto enfrentado a un aumento en los costos de los insumos, abonos y la mano de obra, así como a una tasa de cambio revaluada. Adicionalmente, el negocio agrícola y aun el de la caña tiene elementos estacionales que conllevan a que asumir toda la mano de obra agrícola como costo fijo lo haga menos competitivo frente a países donde los costos laborales son menores.
La industria azucarera no ha sido ajena a estos factores, además de verse enfrentada a competencias fuertes de países como Brasil, donde los costos laborales son 60% menores o donde la industria azucarera tomó la decisión de mecanizar la cosecha. Sin embargo, los ingenios, conscientes del impacto social que causaría una mecanización, decidieron continuar con el corte manual y contratarlo a través de cooperativas.
Hace muchos años Colombia decidió basar una de sus ventajas competitivas en la flexibilización laboral para que la mano de obra fuera un costo variable. Dentro de este esquema se aprobó y promocionó la creación de cooperativas asociadas de trabajo, las cuales en ningún momento constituyen una forma de evadir responsabilidades legales. En el caso específico de los ingenios, en el valor por tonelada que pactan con cada cooperativa contemplan todos los pagos que por ley la cooperativa debe reconocer a sus trabajadores.
Asimismo, para reanudar los contratos con las cooperativas, los ingenios les exigen que demuestren que cumplen con las obligaciones legales para con sus trabajadores asociados. De esta manera, los ingenios garantizan que todos los asociados a las cooperativas tengan seguridad social, cesantías y vacaciones, como cualquier otro empleado en el país. Es de agregar que el ingreso mensual de un trabajador que labora las 8 horas diarias reglamentarias es en promedio de 813 mil pesos brutos, lo que supera el salario de cualquier otro trabajador del sector agroindustrial del país.
Los ingenios han propendido por el mejoramiento del modelo cooperativo y para esto han mantenido constantes conversaciones con las cooperativas. Las han apoyado técnicamente en la estructuración, administración y mejoramiento de su funcionamiento para garantizar una mejor situación laboral para los corteros asociados. No han escatimado esfuerzos para fortalecer a las cooperativas; el año pasado llevaron a Mondragón (España) a 30 representantes legales de éstas, para que aprendieran mejores prácticas de administración.
Ante a lo anterior, es donde juegan un papel preponderante las decisiones de los corteros frente a su cooperativa, como proveedor de servicios, no solamente de los ingenios, sino de todo el aparato productivo de la región (alcaldías, industrias, agricultores, etc.). Depender exclusivamente de una actividad es cruzar peligrosamente la línea que divide el éxito del fracaso.
Los ingenios son responsables del impacto del negocio azucarero y su sostenibilidad en el tiempo, por eso le han reiterado al país su compromiso de forjar una agroindustria que genere beneficios para sus trabajadores y para la región, y que se adapte a las necesidades del país y a la competitividad del mercado local e internacional.
*Presidente de la SAG (Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle).