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La estrella de Ciudad Bolívar

La humildad y la inocencia brillan en sus ojos y de sus pequeños puños apretados rebosan los deseos de ser el mejor y ayudar a su familia.

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Una gran ilusión compensa los 25 centímetros de estatura y 20 kilos de peso que le hacen falta a Fabián Eduardo Ruiz Beltrán, el niño bogotano que a sus 13 años apenas mide 1,30 y pesa 28 kilos, pero que tiene mucho talento con la pelota en sus pies y que hace poco dejó de ser reciclador en el barrio La Estrella de Ciudad Bolívar para dedicarse a luchar por su sueño de ser un gran futbolista. El martes viajará a Italia y sus pequeños pies pisarán el complejo deportivo del AC Milan, uno de los clubes más importantes del mundo y estará  cerca de figuras como Ronaldinho, Kaká, Genaro Gatusso y Paolo Maldini.

De los 107 kilómetros que hay entre Bogotá y Vianí (Cundinamarca), el viaje más largo que ha hecho en su vida para visitar a una tía, Fabián dará un salto de más de 9.000 kilómetros al Viejo Continente, todo gracias a que fue uno de los mejores en el campamento de las escuelas del AC Milan que se hizo hace unas semanas. Siete niños y una niña más lo acompañarán en esta aventura.

“Me sorprendió, porque éramos muchos niños, y había uno que jugaba muchísimo, pero no lo llevaron porque no hacía pases, en cambio yo sí”, cuenta Fabián, quien tiene claro que esta es su oportunidad para sobresalir. “Nos miran y si jugamos bien nos escogen. Tengo que meterla toda”, agregó el pequeño hijo de doña Flor Marina Beltrán, segundo entre seis hermanos.

Leydi es la mayor (16 años), pero desde muy pequeño, tras el fallecimiento de su padre, Fabián asumió la condición de hombre de la casa y eso implicaba ayudar a conseguir el sustento. Unos diez mil pesos, cuando les iba bien, era la producción de una dura jornada de recolección de papel, cartón, botellas y latas junto a su mamá. Así se alimentaban, además, Julieth (12), Esteban (8), Angélica (6), quien padece síndrome de Down y Valentina (2), la más pequeña.

Pero hoy no trabaja más, su vida  dio un vuelco total. El programa Proniño de la Fundación Telefónica, que lucha por la erradicación del trabajo infantil en Colombia y en Latinoamérica, lo acogió desde enero de este año y ahora estudia, se recrea, descansa, se alimenta mejor y puede hacer lo que más le gusta: jugar fútbol en las calles y en los parques de su barrio.

“Uno se divierte, nos ayudan a hacer tareas, hay deportes, danzas, teatro”, relata Fabián, quien es uno de los 600 niños que actualmente ha vinculado Proniño en Bogotá, especialmente en las localidades de Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy y Mártires.

Y fue allí donde Fabián encontró la oportunidad de hacer parte del Milan Junior Camp, donde fue visto por los profesores de las divisiones inferiores del club italiano Giorgio Piendibene y Pietro Papalardo.

“La verdad, no creí que lo eligieran por lo bajito”, dice su mamá, quien confiesa que le da “mucho susto” mandar a su hijo solo y tan lejos. “Uno siempre debe desconfiar, todos me decían que investigara bien de qué se trataba eso”, confiesa Flor Marina, quien hoy sigue reciclando y se las arregla para, además, cuidar a sus pequeñas y para trabajar en casas de familia durante la semana.

A Fabián le dicen ‘Bebé’ sus compañeros de octavo grado del colegio distrital Antonio García, donde va sobrado en educación física y sufre un poco con biología. También allí hace parte de un equipo de microfútbol, que hace poco quedó fuera del campeonato, pero en el escritorio: “Nos sacaron porque no pagamos 4.000 pesos de un arbitraje”, se lamenta. Es hincha de Millonarios, aunque lo vea por televisión y sólo una vez haya ido al estadio. “Fui este año contra Júnior y ganamos 3-1”, contó emocionado Fabián, que el próximo domingo se dará el lujo de recorrer el estadio San Siro y ver el partido entre AC Milan y Sampdoria, por la liga italiana.

Y eso que el mismo Fabián confiesa que nunca ha visto al Milan ni por televisión, pues por la parabólica de su barrio sólo ha visto “algunos partidos que pasan por Fox Sports”.

“Quiero ser como Ronaldinho”, exclama Fabián, el pequeño ídolo de La Estrella, el que por fortuna ya no recoge más botellas y cartones en la calle, y hoy sólo espera, con su tesón y ambición, llegar alto, muy alto, porque en su corazón tiene claro, como lo resaltó Rodrigo en la oda a Maradona, que “tal vez jugando pudiera a su familia ayudar”.

 

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