Publicidad

Los héroes del Canal del Dique

Cuatro mujeres y 66 hombres trabajaron desde noviembre para reparar la ruptura que dejó cientos de damnificados en el sur del Atlántico.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Las palabras, dice un poeta, no son sólo eso que nombran. Hay algo más alrededor. Algo en los bordes, en esa periferia apenas visible. La palabra boquete es, por ejemplo, hueco y vacío, pero también desastre e inundación, miedo y desesperanza. Decir boquete es como decir —apenas por la contextura de cada palabra, por la rugosidad de cada una— voltereta. Decirlo y perder todo lo otro.

Hay una hilera de pilotes. Y los pilotes son, tal vez, menos rugosos que la palabra boquete. La hilera es casi siempre recta, y conecta los dos lados de la carretera que el agua devastó hace casi dos meses. Esa hilera, que hoy está llena de varias toneladas de bolsas, funciona como símbolo de la tragedia invernal en el sur del Atlántico. La figura es, toda ella, un ejercicio de artesanía: la estructura de pilotes, las bolsas apiladas, el arte de algunos portacomidas en el fondo de algunos pilotes. Y el hueco —o vacío o boquete o desastre— casi cerrado. Y más allá de todo, como un recuerdo fracturado del pasado reciente, la tierra secándose.

La palabra héroes podría ser imprecisa —o quizá demasiado solemne, demasiado lejana— para hablar de quienes lo hicieron posible. Es decir, de quienes cerraron el Canal del Dique. Hablar de vigor, fortaleza y fuerza podría ser más correcto. Hablarlo —decirlo, pensarlo— y contemplar las gotas de sudor que se escurren en la cara de Mary Santiago, una de las cuatro mujeres que cargan arena en las bolsas de casi dos toneladas, y que estuvieron desde el principio. “Las mujeres también podemos”, dice casi a los gritos, casi para conjurar el asombro de quienes no terminan de acostumbrarse a la idea. Mary —palabras cortas, sonrisa, encanto— es de Barranquilla y está acostumbrada al pico, a la pala y al trabajo desde niña. Y el principio fue, para ella, lo más difícil: “desastroso, horrible ver que la gente estaba perdiendo sus cosas”.

Las bolsas que Santiago llena van a parar a la grúa que las tira sobre la estructura de pilotes. La habilidad del operario Miguel Choperena tiene alguna motricidad fina: las tira, las aplasta, casi como si armara un rompecabezas. La mejor imagen que Choperena puede ofrecer como recuerdo de la tragedia —de sus peores días— no son sus palabras, sino sus ojos expresivos, casi llorosos. “Un desastre de esta magnitud lo impresiona a uno: una sensación de tristeza, de impotencia, de estar aquí con una maquinaria tan avanzada y no poder solucionarlo en el menor tiempo posible”, sostiene. Y entonces dice que la satisfacción es poder hacer algo por la población. Y suena a eso: que está satisfecho, feliz por aportar de algún modo, aunque no deja de proponerle al Gobierno Nacional más cuidado y más atención en el dragado de los ríos.

La otra grúa, aparte de la de Choperena, es la más grande, la más enorme. Carga bolsas de 4 ó 5 toneladas y es una evidencia del camino tortuoso que supuso traerla desde Santa Marta. Arriba, en lo más alto, apenas con las palabras justas, está Jorge Carvajal, el hombre que pondrá el punto final más simbólico —casi como un ritual, como un mito inicial— a la ruptura del Canal del Dique. “Nunca la vi negra”, sostiene: han trabajado sin afanes, lento pero sin pausa, como a él le gusta decir. Aparte de una pensión merecida (nació hace 60 años en Caquetá, aunque es hijo adoptivo de Barranquilla), Carvajal espera que las autoridades, en especial la Gobernación de Atlántico, refuercen los puntos vulnerables del Canal del Dique, “para que la gente no vuelva a salir en estampida como salió”. Y para que, de cualquier modo, ciertas palabras (Atlántico, agua, inundación, damnificados, tragedia, invierno) nunca vuelvan a ser una combinación posible.

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido