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A unas horas de que el DANE publique el dato de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del tercer trimestre de 2025, la economía colombiana se acerca al cierre de año en mejor estado que hace 12 meses.
Hablando en números grandes, el PIB volvió a moverse por encima del 2 %, el desempleo cayó a mínimos desde comienzos de los 2000 y el consumo de los hogares dejó atrás el modo ahorro: de hecho, hoy es la locomotora que explica buena parte del repunte económico.
La sensación ya no es la de una economía al borde del frenazo, que marcó las discusiones de 2023 y buena parte de 2024, sino la de una marcha más constante impulsada por una demanda fuerte, aunque con varios riesgos corriéndole en los talones al país.
Debajo de este cuadro más estable aparecen las letras pequeñas. La inflación da señales de que se estancó en niveles cercanos al 5 % y viene al alza desde hace cuatro meses; el Banco de la República -cauteloso como es usual- mantiene las tasas de interés en 9,25 %, el déficit fiscal se ubica en niveles históricamente altas y el presupuesto de 2026 tiene poco espacio para la inversión y pende de una reforma tributaria cuyo futuro en el legislativo es incierto.
En resumen, una economía que avanza, con comercio, servicios y parte de la industria volviendo a tomar impulso, pero con unas cuentas fiscales que todavía no cierran y amenazan con convertirse en el “coco” de 2026.
La economía crece: ¿a qué ritmo?
Si algo muestran las cifras del DANE es que la economía dejó atrás el letargo de la pospandemia y hoy trota, pero no corre. Después de un 2023 en el que el crecimiento económico estuvo unas décimas por encima del 0 % en varios trimestres, desde mediados de 2024 el PIB empezó a levantar cabeza y, para el segundo trimestre de 2025, ya crecía alrededor de 2,1 % anual (frente al 1,7 % del mismo periodo de 2024), con un avance cercano al 2,4 % en el acumulado del semestre.
El Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) confirma esa foto cuando se mira mes a mes. A agosto de 2025 (último dato disponible), la actividad venía creciendo 1,98 % anual; así mismo, en los primeros ocho meses de este año el ISE registró un crecimiento de 2,61 % respecto al mismo periodo del año anterior. Para el 2024, de enero a agosto, este indicador crecía al 1,44 %.
En su más reciente Informe de Política Monetaria, el gerente técnico del Banco de la República, Hernando Vargas, explicó que la economía “opera cerca de su plena capacidad”. Que la economía esté operando cerca de su capacidad no significa necesariamente que todo vaya sobre ruedas, sino que el margen para crecer más rápido sin generar nuevas presiones de precios (inflación) es limitado.
Los análisis del Banco de Bogotá y otras entidades coinciden en que este dinamismo de la economía colombiana se explica por la demanda interna, en particular por el consumo de los hogares, que volvió a ganar terreno y hoy es uno de los principales aportes al crecimiento del PIB del segundo trimestre.
En otras palabras, buena parte de la máquina está encendida y lo que venga de aquí en adelante dependerá de cómo se comporten los distintos sectores y de si el consumo, la inversión y el Estado pueden sostener el ritmo sin recalentar ni desordenar las cuentas públicas.
Quién empuja y quién frena
El trote de la economía se nota, sobre todo, cuando se mira quién está empujando el crecimiento. En el segundo trimestre de 2025, el DANE muestra que el gran motor volvió a ser el comercio y los servicios asociados a la demanda interna: comercio, transporte, alojamiento y comida crecieron 5,6 % anual, aportando 1,1 puntos porcentuales a la expansión del PIB.
Dentro de ese grupo, el comercio minorista y la venta de vehículos repuntaron 8,3 %, una señal de que el consumo le está subiendo revoluciones a la economía.
La otra pata sólida en la mesa es el agro. La agricultura, ganadería, silvicultura y pesca avanzó 3,8 %, con aportes fuertes de la ganadería (8,1 %) y de varios cultivos transitorios (5,3 %), aunque con un café que sigue en números rojos (-15,8 %). En servicios públicos, actividades financieras (2,8 %), inmobiliarias (2 %) y profesionales (1,5 %) también crecieron, configurando un panorama en el que las actividades terciarias volvieron a ser el eje del crecimiento nacional.
En la industria, el comportamiento fue más matizado: el valor agregado manufacturero subió 0,9 %, pero con caras muy distintas por dentro. Alimentos y bebidas crecieron 4,2 %, textiles y confecciones 4,4 %, y muebles y otras manufacturas 2,9 %; pero ramas como metalmecánica o vehículos siguieron cayendo (-7,2 %).
Es decir, no es un repunte industrial generalizado, sino la recuperación de unos pocos segmentos conectados con el consumo y agroindustria.
Del otro lado del tablero están los sectores más rezagados. La construcción cayó 3,5 %, arrastrada por un desplome de -9,7 % en edificaciones residenciales y no residenciales. Las obras civiles, eso sí, crecieron 9,6 %. Peor luce la extracción minera: -10,2 % anual, con caídas profundas en carbón (-14,6 %) y petróleo (-6,9 %).
Mercado laboral sólido, precios al alza
El mercado laboral es, por ahora, otra de las buenas noticias en este cierre de año. En septiembre, la tasa de desempleo se ubicó en 8,2 %, casi un punto menos que un año atrás y el registro más bajo para un septiembre desde 2001, según el DANE.
En los últimos doce meses se han creado alrededor de 714.000 puestos de trabajo y, de cada diez nuevas vacantes, siete fueron ocupadas por mujeres, como destaca Valentina Guio, economista de Scotiabank Colpatria.
El empleo crece cerca de 3,1 % anual, según cálculos de Investigaciones Económicas Itaú Colombia, y más del 70 % de esas nuevas plazas son formales, aunque la informalidad sigue siendo el gran talón de Aquiles: todavía ronda el 54,5 % de los ocupados.
Itaú Colombia, de hecho, prevé que el desempleo podría repuntar hacia el 9 % en los próximos meses, a medida que se desacelere la creación de puestos.
En lo que respecta a la inflación, el balance es menos alegre. Tras haber bajado desde el pico de 13,34 % en marzo de 2023, la inflación se quedó anclada alrededor del 5 % en este último tramo de 2025 y viene subiendo levemente en los últimos meses.
En octubre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) creció un 5,51 % frente al mismo mes de 2024 y la variación mensual (frente a septiembre) fue de 0,18 %, con las mayores presiones concentradas en alimentos y bebidas no alcohólicas, restaurantes y hoteles, educación y servicios de vivienda como arriendos, agua, gas y electricidad.
“El dato de octubre no solo ratifica las presiones inflacionarias vigentes, sino que eleva el riesgo de que el año concluya con una inflación superior a la observada en el cierre de 2024. En particular, la indexación continúa siendo el principal reto(…)”, señaló Valentina Guáqueta Sterling, analista de Banca Central de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercados del Grupo Cibest.
El Banco de la República proyecta que 2025 cerrará cerca de 5,1 % y que la meta del 3 % solo se alcanzaría después de 2026, en buena medida por la presión de los servicios (especialmente arriendos, que están indexados a la inflación causada de 2024), los ajustes del salario mínimo y algunos costos regulados.
Ante el comportamiento del IPC, la junta del Emisor decidió mantener la tasa de interés en 9,25 % en su última reunión de su junta (en septiembre) y, como lo reconoció su equipo técnico, la política monetaria sigue jugando de aguafiestas para no darle más cuerda a una inflación que el propio banco asocia a una demanda interna fuerte.
Demanda interna, al volante de la economía
En materia económica, el protagonista de este 2025 es el consumo de los hogares. Buena parte de las revoluciones que ha alcanzado el país proviene de allí: del gasto cotidiano, de la compra de bienes durables que había quedado contenida desde la pospandemia y de la recuperación en servicios.
Cuando las familias se animan a gastar, el comercio rota más mercancía, las empresas producen más bienes y esa cadena de decisiones termina explicando buena parte del crecimiento.
Como resume el Banco de Bogotá en su más reciente informe de Actividad Económica, “el consumo privado y la activación de la agroindustria favorecieron la recuperación de la industria. El 82 % de los subsectores vieron avances”.
Ese empuje se siente también en el ánimo de los hogares. La Encuesta de Opinión del Consumidor de Fedesarrollo registró en octubre un repunte notable: el indicador tuvo un salto de 12,1 puntos frente al mes anterior, llegó a su mejor nivel del año y registró una mejora significativa en la disposición a comprar bienes durables.
Lo anterior, según el centro de pensamiento, tiene que ver principalmente con unas expectativas más favorables sobre la situación económica, algo que no se veía con esta fuerza desde antes de la pandemia.
El Grupo Cibest lee el momento en la misma dirección. De cara al dato del PIB del tercer trimestre, sus analistas anticipan que “la demanda interna fue el principal motor de aceleración” y que “el consumo privado continúa brindando tracción a la estabilización macroeconómica, a pesar de las tasas de interés elevadas”, como se lee en un informe reciente.
Para esta entidad, el gasto de los hogares habría crecido cerca de 4,9 % en el tercer trimestre de 2025, apoyado en tendencias “muy positivas” en los sectores de turismo, restaurantes, entretenimiento y comercio. “La resiliencia del consumo privado se ha soportado en un dinámico mercado laboral y unos elevados ingresos de remesas”, precisa Valentina Guáqueta Sterling, del Grupo Cibest.
Qué esperar del dato del tercer trimestre
El dato del PIB del tercer trimestre debería confirmar que la economía llegó al segundo semestre con más tracción que la prevista a comienzos del año.
El Grupo Cibest anticipa que el PIB del tercer trimestre podría crecer alrededor de 3,2 % anual, apoyado en un consumo privado “boyante” y un gasto público todavía dinámico.
En esa misma línea, Scotiabank Colpatria proyecta un crecimiento cercano al 2,9 %, que sería “el mejor desempeño desde mediados de 2022”.
Fedesarrollo también espera un trimestre positivo y estima un crecimiento del 2,7 % para el tercer trimestre.
De cara al cierre de 2025, las estimaciones convergen. Según la Encuesta Mensual de Expectativas Económicas del Banco de la República, la mediana de los analistas espera un crecimiento del 2,78 % para el tercer trimestre, 2,60 % para el cuarto y 2,60 % para todo el año. Fedesarrollo, por su parte, mantiene también un escenario base de 2,6 % anual, en línea con ese consenso.
Las cuentas en rojo
En esta época del año, además de los balances sobre cómo le fue a la economía, las miradas se ponen en lo que viene. Si bien el PIB se mantiene en positivo y el consumo luce vigoroso, el frente fiscal cuenta otra historia.
Para varios expertos, Colombia está gastando como si estuviera en crisis, pero sin crisis. Cálculos del Banco de Bogotá indican que el país cerraría 2025 con un déficit primario superior al 3 % del PIB, el nivel más alto en dos décadas por fuera de la pandemia y de los años noventa, y que ese hueco sería mayor al previsto en el propio Marco Fiscal (más cerca de 3,4 % que del 2,4 % originalmente proyectado).
Todo esto, además, en un contexto en el que el déficit total ronda el 7 % del PIB y en el que el país activó por primera vez la cláusula de escape de la regla fiscal, que suspende por tres años los límites al déficit y la deuda.
Los mercados ya empezaron a cobrar esa incertidumbre sobre las finanzas públicas en la tasa que le exigen al país para prestarle, algo que se ve tanto en los TES como en la prima de riesgo.
En esta línea, el Presupuesto General de la Nación de 2026 quedó aprobado en COP 547 billones -unos 36 billones más que en 2025-, pero con una rigidez que deja poco espacio para maniobrar: 84 de cada 100 pesos ya están comprometidos antes de que comience el año. Funcionamiento se lleva el 66 % (COP 358,1 billones), el servicio de la deuda otro 18 % (COP 100,4 billones) y apenas queda un 16 % (COP 88,4 billones) para inversión.
A esa camisa de fuerza se suma un problema de fondo: el presupuesto está desfinanciado en 16,3 billones de pesos, que el Gobierno espera cubrir con una reforma tributaria aún incierta.
Al final, hay una paradoja difícil de ignorar: la economía se está apoyando en el componente más volátil del tablero: el consumo de los hogares, que suele depender del ánimo, del empleo y de un bolsillo de los hogares que puede cambiar de un trimestre a otro, mientras el Estado llega a 2026 con unas finanzas públicas apretadas, más deuda y un presupuesto amarrado.
Esa combinación abre la pregunta: si el consumo se resiente (por cualquier motivo) en 2026 y el Gobierno tiene poco margen fiscal para reaccionar, ¿cuánta gasolina le quedará realmente a la velocidad de crucero que ha alcanzado la economía?
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