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Mendieta y Murillo enfrentaron a 2.000 guerrilleros antes de ser secuestrados

Los dos hacían parte del grupo de rehenes que más tiempo llevan cautivos por las Farc.

EFE
13 de junio de 2010 – 12:43 p. m.

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El general Luis Herlindo Mendieta y el coronel Enrique Murillo, ambos pertenecientes a la Policía Nacional, intentaron repeler a casi 2.000 guerrilleros de las Farc antes de ser secuestrados hace casi doce años en la selvática ciudad de Mitú.

Los dos hacían parte del grupo de rehenes que más tiempo llevan cautivos por las Farc, toda vez que fueron secuestrados el primero de noviembre de 1998.

Mendieta, el oficial de más alto rango en poder de las Farc, y Murillo recuperaron el domingo su libertad durante un golpe de las autoridades colombianas a la guerrilla en las selvas del sureño departamento del Guaviare, a sólo una semana de la segunda vuelta electoral a la Presidencia y justo cuando se cerraba la campaña.

Los uniformados cayeron en manos de la insurgencia durante la toma a Mitú, capital del departamento del Vaupés, fronterizo con Brasil, cuando casi 2.000 guerrilleros desembarcaron en la orilla del río que atraviesa esa urbe y se tomaron durante 72 horas la ciudad.

Aquella acción estuvo liderada por Jorge Briceño, alias "Mono Jojoy"; es la única de las Farc sobre una capital departamental y una de las más devastadoras en el casi medio siglo de historia del conflicto interno colombiano con 43 muertos, entre policías, militares y civiles, además de 47 heridos y 61 secuestrados.

El general Mendieta que, según su propio testimonio llegó hasta a arrastrarse por la espesura de la selva para hacer sus necesidades fisiológicas a raíz de las enfermedades que padeció durante el secuestro, comenzó su carrera en la Policía colombiana en 1974.

De extracción campesina, nació en la población de Tinjacá, en el departamento de Boyacá, y desde niño manifestó su deseo de servir a la patria.

El entonces teniente Mendieta estaba al mando del puesto policial de Mitú cuando fue secuestrado e intentó repeler con unos 120 policías el ataque de las Farc.

Antes de ser capturado por la guerrilla alcanzó a telefonear a su familia y pedirles que oraran por él, pues intuyó el calvario que le esperaba.

Desde su cautiverio, Mendieta le escribió a su esposa, María Teresa, pocas, pero extensas cartas, en las que narraba su situación y la de otros secuestrados.

En esas misivas, el ahora general Mendieta, dado que en 2009 el presidente Álvaro Uribe lo ascendió de grado, daba cuenta de algunas anécdotas en la selva, como cuando conoció a Emmanuel, el hijo de la ex candidata a la vicepresidencia Clara Rojas, concebido en cautiverio.

Y también cómo fueron algunas de sus conversaciones con la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, liberada en 2008 durante la "Operación Jaque", y con quien también compartió cautiverio.

"No es el dolor físico el que me detiene, ni las cadenas en mi cuello lo que me atormenta, sino la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno", es una de las frases más disientes de los escritos que se conocen de Mendieta.

En los casi 12 años de secuestro, el general sufrió dos veces de paludismo, apeló a muletas hechas de ramas para poder caminar y durante temporadas guerrilleros y otros secuestrados lo tuvieron que cargar en una improvisada hamaca.

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En una de las últimas pruebas de supervivencia, un vídeo de menos de tres minutos, Mendieta dice: "me despido con un fuerte beso para mi esposa y mis hijos. Siempre los llevo en mi pensamiento: ustedes son mi razón de existir".

Luis Mendieta está casado con María Teresa Paredes, de cuya unión nacieron dos hijos: Jenny y José Luis.

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Por su lado, el coronel Enrique Murillo tenía el grado de capitán en el momento en el que fue secuestrado y llevaba once meses de servicio en Mitú.

Nacido en Bogotá, Murillo era el tercero al mando del puesto policial de esa capital departamental cuando los guerrilleros irrumpieron en la ciudad
Los policías de Mitú resistieron 72 horas el ataque de las Farc, pero la superioridad numérica y la falta de apoyo los hicieron caer en manos de los rebeldes.

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Murillo es padre de dos hijos, a quienes casi no conoce, ya que eran muy pequeños cuando fue hecho cautivo.

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