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Grandes, inmensos como la China, fueron los Juegos Olímpicos que se clausuraron ayer en Pekín, que serán recordados por su espectacular ceremonia inaugural, los modernos e imponentes escenarios, la excelente organización y, sobre todo, grandes gestas deportivas, como las del nadador estadounidense Michael Phelps y el atleta jamaiquino Usain Bolt.
Para Colombia el balance fue positivo, aunque quedó la sensación de que pudo haber sido mejor. Una medalla de plata con Diego Salazar en pesas y una de bronce con Jackeline Rentería en lucha, fueron la cosecha de nuestra delegación, que ocupó el puesto 65, en la que aparecieron 87 de los 204 países participantes.
“Fueron los mejores Juegos de la historia”, repitieron ayer en el Nido de los Pájaros dirigentes, deportistas y periodistas, luego de una clausura de película en la que la capital china le entregó la bandera olímpica a Londres, encargada de celebrar las justas dentro de cuatro años, un reto bastante complicado, pues Pekín dejó el listón demasiado alto.
Porque desde julio de 2001, cuando el Comité Olímpico Internacional le otorgó la sede a Pekín, toda la China y sus 1.300 millones de habitantes se propusieron mostrarle al mundo sus mayores virtudes. Y con base en la tradición, la disciplina, el trabajo en equipo y la perseverancia lograron que en 16 días el mundo aprendiera más de la China que se ha consolidado como la gran potencia de esta parte del mundo.
Contrario a lo que se pensaba, este país demostró que en vez de estar atrasado, les lleva mucha ventaja a todos los demás en tecnología e investigación, pero también en planificación y organización. Eso sí, sus dirigentes y habitantes reconocen que la Olimpiada también les sirvió para aprender del resto del mundo y aceptar que deben abrir sus mentes para integrarse mejor a la sociedad global multicultural.
“Un mundo, un sueño”, fue el eslogan de las justas, pero seguirá siendo por muchos años el lema del olimpismo, que en Pekín logró cifras récord en difusión, pues se calcula que las señales de radio y televisión llegaron masivamente a todos los rincones del planeta. Nunca un evento había despertado tanta expectativa ni había generado tantos dividendos económicos,
políticos e incluso ambientales, pues el tema del cuidado de la naturaleza y la necesitad de preservar los recursos se promocionó con especial interés.
En la parte deportiva, China, como se esperaba, se impuso en la tabla con 51 preseas de oro, 21 de plata y 28 de bronce. La delegación anfitriona llegó al podio en 26 de los 28 deportes y fue el mejor por puntos en ocho disciplinas: clavados, gimnasia artística, pesas, badminton, boxeo, tenis de mesa, salto en trampolín y tiro.
Segundo quedó Estados Unidos, que sumó más medallas, 110, pero solamente 36 doradas, las mismas que le dieron el título hace cuatro años en Atenas.
Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Australia, Corea, Japón e Italia completaron el top 10, mientras que Brasil, con tres oros, cuatro platas y ocho bronces, fue el mejor latinoamericano, en el puesto 23, tras las dos frustrantes jornadas de cierre para Cuba, que perdió seis finales y apenas sumó dos títulos y 24 medallas en total.
Los Juegos tuvieron una cifra récord en participación femenina. 4.835 atletas, el 45% del total que compitió en Pekín, fueron mujeres. Y entre ellas la reina, la más galardonada, fue la bella nadadora australiana Stephanie Rice, quien se colgó tres oros. Entre los hombres, el mejor fue Phelps, quien en 2004 también se había coronado rey de las justas, con seis oros y dos platas.
Las estadísticas dirán que los 10.560 deportistas batieron 38 records mundiales y 85 olímpicos, sin contar casi un millar de nuevos registros nacionales, aunque esas cifras no quedarán tan grabadas en la memoria de la gente como las imágenes de los atletas celebrando una victoria o sufriendo una derrota, las de esas lágrimas de tristeza y alegría que se vieron en los 27 escenarios de Pekín y las seis ciudades subsedes.
Pero todo lo bueno llega a su fin. A partir de hoy deja de regir la restricción que había para el 70% del parque automotor de la capital china, lo que tenía felices a la gran mayoría de habitantes de la ciudad, cuyo tráfico es un caos.
También volverán a labores los obreros de 170 grandes fábricas que pararon sus actividades durante casi un mes, por lo que se pronostica que volverán las capas de humo y contaminación sobre Pekín.
Los amantes del deporte de los 204 países que tuvieron atletas en Pekín también se integrarán paulatinamente a la rutina que dejaron durante 16 días en los que disfrutaron del talento de los mejores atletas del mundo. Londres, dentro de cuatro años, tratará de superar, con su estilo propio, lo que hizo China, una misión casi imposible, pues los Olímpicos de 2008 fueron casi perfectos.