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Una renuncia cocinada

Detalles de la dimisión del comandante de las Fuerzas Militares.

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Desde cuando fue nombrado como ministro de Defensa, en reemplazo de Juan Manuel Santos, el nombre de Gabriel Silva Luján generó resistencia en algunos sectores de la cúpula militar, que consideraron que tenía poca trayectoria en el tema público, que venía de manejar un gremio con exigencias muy distintas a las militares y que era poco conocido en el círculo castrense. Pero, ya nombrado, los militares le dieron un compás de espera a un hombre con una hoja de vida llena de éxitos empresariales y excelentes recomendaciones.

La luna de miel duró, al parecer, muy poco. El primer brote de inconformidad surgió del comando de las Fuerzas Militares, donde algunos no veían en Silva a un estratega militar o a un ministro enfocado en las prioridades de los uniformados, según le contaron a este diario altos mandos consultados. En los pasillos del Ministerio circulaban rumores de que a Silva le faltaba ascendente sobre la tropa o que no parecía interesarse por hacerles seguimiento a operaciones en curso. Otros oficiales se quejaban en voz baja en reuniones privadas de que llegaba un poco tarde, “después de las 9 a.m. en algunas ocasiones”, y se iba “antes de las 6:00 de la tarde”; o “viaja mucho y a algunos de nosotros no nos conoce”.

A comienzos de año estas quejas llegaron a oídos de los comandantes de fuerza e, incluso, se rumoró que el general Freddy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Militares, no tenía una relación fluida con el ministro Silva y que en consecuencia presentaría su renuncia. No obstante, ayer el alto oficial manifestó que su dimisión no estuvo motivada por diferencias con él y que su salida era “un acto de grandeza para despejar el panorama”. Más allá de sus aclaraciones, lo cierto es que mucho se ha especulado sobre una reunión a puerta cerrada en la que habría oficiado el general Óscar Naranjo, director de la Policía, como mediador entre Silva y Padilla.

Era un secreto a voces que las relaciones entre los militares y el despacho del Ministro no eran las mejores. El Espectador supo que a Padilla le incomodó el lento trámite en el Congreso de un proyecto de ley que le otorgaba el cuarto sol en su carrera. “Por razones políticas le están trancando la otra insignia a mi general”, se oía decir a cercanos asesores del Comando General. Fuentes próximas al Ministerio señalaron que jamás hubo orden en tal sentido, pero que sí era verdad que cuando Silva iba al Congreso no preguntaba por el famoso proyecto. “No era prioritario, pero parece que para mi general sí, lo que motivó discusiones entre los equipos del Ministerio y el Comando General”, dijo una fuente militar.

El pulso, desmentido por ambos protagonistas, parecía subir con el correr de las semanas, pero la diplomacia frenó cualquier amago de crisis. Sin embargo, según informaciones conocidas por El Espectador, eran cada vez más fuertes las voces castrenses que reclamaban el retorno de un militar a la cabeza del Ministerio y justificaban dicha medida alegando que, de ser así, el manejo que se les dio a los falsos positivos, con la salida de más de 20 oficiales sin que hubiera mediado juicio alguno; la instalación de bases militares para uso de personal estadounidense y el sonado caso del contraalmirante Gabriel Arango Bacci, hubieran tenido un matiz distinto. Pero, sobre todo, resentían —y aún lo hacen— que la Justicia Penal Militar perdiera tanto peso frente a la ordinaria.

No es todo. En los pasillos del Ministerio se escucha que algunas de las campañas a la Presidencia más opcionadas habrían hecho tentadoras ofertas a oficiales de la cúpula actual para que consideren el Ministerio de Defensa en calidad de retirados. Noemí Sanín fue la única que ventiló esa posibilidad de frente, pero desde otras orillas las ofertas extraoficiales siguen latentes. A muchos les disgusta que se hagan cálculos políticos con la carrera castrense y piensan que es un retroceso entrar en ese juego. Todas estas razones habrían sido el detonante para la intempestiva renuncia del general Padilla, protocolizada el pasado 3 de mayo.

Ese día habló con el Presidente, le dijo que quería salir de las filas y después conversó con los comandantes de brigadas y batallones de las Fuerzas Militares y los jefes de todas las fuerzas. Les explicó que su retiro no podía aplazarse más, que por encima estaba la democracia y que nuevas generaciones de oficiales estaban listas para sucederlo. Les pidió prudencia, pero hace dos días su renuncia se filtró y, con ella, toda una suerte de especulaciones. Se va Padilla, pero el 7 de agosto. Una fórmula salomónica, dirán muchos, pero evidencia, quién lo duda, que algo pasa adentro. Dicen que es uno de los más opcionados para ocupar el Ministerio en un próximo gobierno. Él todavía no ha dicho que no.

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