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Cuando María Isabel Urrutia quiere recordar su conquista de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Sydney, tiene que apelar a la memoria.
Han pasado casi ocho años desde la histórica tarde australiana, noche colombiana, en la que subió al primer lugar del podio, escuchó emocionada el Himno Nacional y lloró mientras veía ondear la bandera nacional. Y aunque no necesita esforzarse para que su piel se vuelva a erizar, sí tiene dificultas para recomponer esas imágenes.
“Es que todo mundo tiene fotos, menos yo”, se lamenta la ex pesista vallecaucana, hoy convertida en congresista, pues cumple su segundo período consecutivo como representante a la Cámara.
Parece mentira, pero es la verdad. En su apartamento de Bogotá no hay ningún recuerdo de esa hazaña. De hecho, la presea dorada está muy bien escondida en su casa de Cali.
Sin embargo, la memoria no le falla al repasar su exitosa carrera deportiva, a la que puso fin justo un año después de consagrarse en Sydney. “Sufría de una lesión grave, pues no tengo cartílago en la rodilla derecha y el médico me dijo que no era prudente seguir. Se maltrataba mucho con cada impacto y me la pasaba más en el médico que en los entrenamientos, así que decidí retirarme”, cuenta sin nostalgia, pues “aunque al principio me dio duro, los dolores me hacían entender que era lo mejor para mi salud”.
Campeona desde chiquita
Aunque hoy solamente se haga referencia a su medalla olímpica, María Isabel siente que en su vida deportiva hizo mucho más. “No me quedó nada por hacer. Fui campeona de atletismo desde la categoría infantil, gané todo en Colombia, logré títulos bolivarianos, suramericanos, panamericanos y fui campeona mundial”, explica antes de aclarar que “nada de eso fue fácil”.
Porque aunque la gente no lo sabe, ella no fue a los Juegos de Sydney como integrante del equipo de levantamiento de pesas, sino por una invitación especial que le hizo la Federación Internacional de ese deporte.
“Mi preparación no le valió nada a Coldeportes, porque nunca tuve nada estatal, nunca estuve en ninguno de los programas de apoyo, ni los del Gobierno Nacional, ni de mi departamento. A mí me tocaba buscarme la plata, pues al comienzo el Comité Olímpico decía que las pesas no eran un deporte del programa olímpico y el Valle no me apoyaba porque yo vivía peleando con el entrenador de la liga y él era quien enviaba la lista de los atletas apoyados”, dice sin resentimiento, pero con mucha firmeza.
María Isabel representó a Colombia en los Juegos de Seúl 1988, en lanzamiento de bala y disco, pero luego decidió dejar esa disciplina porque había mucha desorganización en la federación.
Un año después se dedicó a entrenar pesas y logró que Bavaria la patrocinara con su programa Futuros Campeones, de Pony Malta. “Tuve esa ayuda más o menos desde 1996. La lucha fue dura, pero dio resultado”, sentencia.
La consagración
María Isabel llegó a Sydney con la obsesión de subir al podio. De hecho, ella y Gatcho Karouskov, su entrenador desde 1989, no pensaban en nada diferente. “Fui la abanderada de la delegación. Desfilé y salí de una, me fui a descansar. De la habitación no salía casi ni para comer. Incluso, hubo actos sociales del equipo a los que no asistí y creo que todo eso fue clave para lograr la medalla”, comenta.
Es que, según explica la vallecaucana, “los Juegos son muy grandes, hay muchas distracciones, las marcas deportivas te regalan cosas, te sacan de la competencia”.
Pero ella tenía todo muy claro. “Era fundamental no irme en blanco en los dos primeros intentos y así fue. Ya después Gantcho dictó la estrategia y ganamos. Eso fue como al mediodía del 20 de septiembre. No sé si era martes o miércoles, pero la fecha sí la tengo clara”, observa.
Después, fotografías a diestra y siniestra, entrevistas, abrazos, aplausos y lágrimas de alegría. “Hasta el presidente Pastrana me llamó como a las tres de la mañana de allá y yo estaba profunda, agotada, pero me tocó pasar”, dice entre risas. Luego asegura que buena parte de ese éxito se lo debe a su entrenador.
“Por eso quiero que en Beijing él termine bien, se gane alguna medalla y se vaya. Para que en Colombia se den cuenta lo que servía que jodiera tanto. Si uno no tiene a una persona que lo empuje, que lo motive, no entrena con juicio. Las pesas son un deporte muy rudo, en el que uno termina vuelto nada, adolorido, acabado, resentido, de cama. Y al otro día no se quiere levantar. Si no hay quien lo joda, lo apriete, uno tira la toalla”, reconoce.
María Isabel, quien comentará las competencias de pesas de los Olímpicos para Señal Colombia, asegura que en Beijing nuestros pesistas tienen buenas opciones de subir al podio, “aunque la mayoría están lejos de los dos primeros lugares”.
Con respecto a su trabajo en el Congreso, asegura que está muy satisfecha con lo que ha hecho. “Preparo mis ponencias lo mejor posible y por fortuna casi todos los proyectos se han convertido en ley del Estado. Una de las mejores fue la de conseguir el 4% del impuesto a la telefonía para el deporte, aunque esos recursos no se estén utilizando bien, porque todavía falta inversión en los deportistas”.
De la política contó que llegó a ella por su fama y con la intención de explorar nuevos campos, pero que heredó esa pasión de su padre, “un liberal que se hacía matar por el trapo rojo”. Ahora espera permanecer en la Cámara por un período más y luego sí buscar nuevos horizontes.