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De acuerdo, procurador: “algo huele a podrido”

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La frase no es mía. Es del procurador: “algo huele a podrido”, dijo. Claro, no hablaba de sí mismo ni de lo que ha sucedido en su entidad: miraba la paja en el ojo ajeno e ignoraba la viga en el suyo.

Después de comentar, superficialmente, la ominosa conducta que se le atribuye a Pretelt, eso sí, bajo la advertencia de “que se le respete el debido proceso”, preguntó por qué no se le ha pedido la renuncia al fiscal general “ante las graves acusaciones de la contralora Sandra Morelli”; a “muchos magistrados de las cortes contra los cuales hay investigaciones graves”; a “los ministros que ayer fueron los grandes defensores del gobierno más cuestionado en la historia colombiana”, etc. Y, sin mediar prueba alguna, como correspondería a un “debido proceso”, el cual, tal vez y desde su óptica, no debe beneficiarnos a todos sino a los suyos, condenó en un minuto, con su gesto mayestático y despreciativo de supramagistrado, al gobierno que, según él, “necesita convertir a la Corte en una cortesana”.

Que recuerde, Alejandro Ordóñez nunca enfrentó al entonces presidente Álvaro Uribe, ni como miembro del Consejo de Estado ni como procurador, cuando Uribe intentaba someter a las dos cortes, Suprema y Constitucional, a sus planes de megalómano. ¿Será que lo olvidé? ¿Alguna vez Ordóñez aseguró que la Casa de Nariño de aquella época estuviera intentando reducir las cortes a “cortesanas”? Pues no, ignoraba la viga en el ojo uribista mientras el suyo estaba ciego, por completo, porque ambos coinciden en agenda. Ahora Ordóñez defiende al sombrío Pretelt, presunto corrupto y despojador de tierras, pero elegantísimo conservador de partido, familia y tradición. Esto basta para absolverlo, prejuicio válido. Piedad Córdoba era culpable, de entrada. Pretelt, inocente por presunción.

Y volviendo a la viga en el ojo propio, a Ordóñez se le han olvidado pequeños detalles que lo harían candidato, por lo menos tanto como los que él mencionó en la entrevista al programa Los Informantes, a renuncia. Podríamos hacer un somero recuento de datos publicados y reconocidos:

1. Jorge Arturo Moncada Rojas recibió de la contralora Sandra Morelli, la de las “graves acusaciones” contra el fiscal que recuerda Ordóñez, dos contratos por más de $200 millones, inmediatamente después de casarse con una hija del procurador.

2. La esposa del prohijado Pretelt, Martha Ligia Patrón (*), la amiga de Rossana Mancuso, hermanita del extraditado Salvatore, es subalterna de Ordóñez en la Procuraduría. (A propósito, la pareja Pretelt fue una de las invitadas a la fastuosa fiesta de bodas que organizaron, sin ningún recato social, el procurador y su esposa, hermana de la exdirectora y subdirectora de Fiscalías de Cartagena).

3. En 2012, en plena campaña para la reelección de Ordóñez , La Silla Vacía reportó 22 cargos para “amigos y familiares de magistrados de las altas cortes”, entre ellos siete de consejeros de Estado, dos de magistrados de la Corte Constitucional, siete magistrados o exmiembros de la Corte Suprema y uno del Consejo de la Judicatura. Uno de esos nombres llama la atención: Guido Guillermo Gómez Ordosgoitia, cordobés, y quien se ha movido entre los puestos políticos y judiciales gracias a su amistad intensa con Jorge Pretelt, tanto que Gómez habría sido el mensajero del magistrado frente a un periodista que cuestionaba las relaciones de los paramilitares de su departamento con las figuras sociales y políticas del mismo, y que fue asesinado pocas horas después: Clodomiro Castillo.

Algo pasa con Pretelt: todo lo que lo rodea es oscuro y tenebroso. Hasta su aliado, el procurador, posee esas “cualidades”. De acuerdo, algo huele a podrido aquí.

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