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Es probable que las reformas iniciadas en Vietnam en 1986 hayan sido estudiadas por el gobierno de Raúl Castro para iniciar la flexibilización de la economía cubana y su tránsito parcial hacia un sistema de libre mercado.
La ‘Renovación’ (o Doi moi, en vietnamita), se inspiró en la liberalización de la propiedad agrícola que Deng Xiao Ping promovió en los años setenta en China y en la industrialización que los países del sudeste asiático efectuaron a inicios de los ochentas.
Tras el Doi Moi se mantuvo la estructura de un partido comunista único y se dejaron los sectores estratégicos de la economía en manos del Estado, pero se abolió el monopolio estatal sobre el comercio internacional, se permitió a los gobiernos locales crear empresas comerciales y se aumentó la participación de las empresas privadas y de las cooperativas agrícolas en la producción de mercancías de bajo valor agregado. La liberalización del sector agrícola incluyó la distribución de una parte de la superficie cultivable del país a un porcentaje de propietarios individuales, y la elaboración de contratos entre individuos y cooperativas agrícolas estatales para manejar ciertas fases de la producción en el campo.
A los agricultores se les dejó retener los excedentes productivos toda vez que cumplieran con las cuotas exigidas por el Estado y se les dieron incentivos para que los vendieran en un libre mercado incipiente. Así inició el proceso de creación de una ‘economía de mercado de orientación socialista’, como la definió Nguyen Van Lihn, el secretario del partido comunista vietnamita que puso la reforma en marcha y cuya política fue asimilada a la Perestroika soviética.
Los cubanos no están haciendo una copia de lo que hicieron los vietnamitas, pero los paralelos entre una y otra experiencia son demasiado evidentes como para no tenerlos en cuenta en lo que sucede hoy en el país caribeño. La ‘actualización del modelo económico cubano’, como se ha popularizado el plan de reformas que R. Castro puso en marcha desde el 2009, incluyó una transformación progresiva del sector agrícola por medio de la entrega de tierras en usufructo a particulares. En Cuba ya se han entregado más de un millón 580 mil hectáreas de tierra bajo esa modalidad. No habrá que esperar muchos años antes de que los agricultores puedan comercializar sus excedentes para crear un mercado agrícola cuyo funcionamiento no dependa del control vertical del Estado.
La liberalización de la economía en Cuba no ha implicado y no va a implicar una transición a la democracia multipartidista. En ese punto la experiencia vietnamita también es importante como punto de reflexión y de comparación para el gobierno cubano, sobre todo si se tiene en cuenta que el régimen post-Fidel va a mantener una estructura unipartidista. El partido comunista vietnamita siguió siendo la fuerza política dominante del país después de las reformas del Doi Moi, pero el surgimiento de otra gran organización política, el ‘Frente de la patria de Vietnam’ —que agrupó una diversidad de grupos políticos y religiosos—, permitió afirmar y renovar la legitimidad Eso está por verse.