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El barman holandés de un cafecito muy simpático en mi ciudad, quien se precia de manejar el español coloquial, cada vez que me veía entrar me gritaba a pleno pulmón, delante de todos los comensales ¿Cómo estás, cabrón?
Ya se le quitó la costumbre, pues me vio con cara de agarrarlo a silletazo limpio si seguía con el saludito. Pero la verdad es que las connotaciones de expresiones que todos usamos, sin excepción, surgen de circunstancias geográficas y si para unos es agresiva, para otros es una expresión amable.
Puede que no tengan elegancia, pero son cariñosas en algunos casos y en otros no agresivas. Describen rápidamente un personaje. En México parece que dicho en forma suave, el “Oye cabrón no me llamaste para ver el futbol”, no va a producir una sangría de epítetos. Es el amigo que le reclama al otro… Con insulto pero suave. En otros casos son las pronunciaciones que pueden causar desviaciones de lo que queremos decir.
Hablando con una profesional serísima, de gran clase, en determinado momento soltó: “Hola, pero ese tipo es una hueva”. La palabra “hueva”, en otros mundos hispanohablantes se va perdiendo y cambia de expresión por huevos o cojones. O sea en España no he oído nunca una expresión como: “ese tipo es un cojón”, hablando en términos singulares de nuestra ingeniería masculina.
Una expresión muy nuestra: “Estoy mamado o mamada”. Utilísima para todo. Estoy mamado del jefe, del trabajo, del marido, no cuadra en otras lenguas y su descripción literal se puede prestar para confusiones enormes. En las lenguas nórdicas no tendría sentido.
En Holanda la multiplicidad de idiomas es espectacular. No conozco ningún país que reaccione frente a ellos como los holandeses. Aquí hablar 4 idiomas es pan comido: holandés, inglés, alemán, francés y de ahí para adelante. Parece como si nacieran genéticamente políglotas. Los aprenden con gran facilidad. No es de extrañar que alguien se me dirija en español y cuando lo felicite por hablarlo tan bien me diga que se debe a que pasó 2 meses de paseo o de trabajo en algún país de América Latina.
Voy a la siguiente anécdota: Una invitación a mis hijos y sus respectivas parejas para comer juntos en un restaurante. Llegó el momento clave y repetí lo qué estaba en mi cabeza. Había practicado hasta la saciedad lo que iba ordenar en idioma holandés: “Agua mineral, una ensalada y una salchicha.”
Se acercó una mesera esbelta, bonita y lista para tomar la orden. La mesa en expectativa. Pedí la carta en el mejor holandés. Mis hijos entendieron que el papá iba a pedir, no en inglés como normalmente lo hace, sino en holandés para hacer alarde del manejo del idioma. Silencio sepulcral, el papá en la cabecera de la mesa iba a demostrarle a los hijos – todos nacionales holandeses- y sus respectivas parejas, cómo había progresado. Continuo silencio en las barras.
-Señorita, para mí un agua mineral, una ensalada y… una teta frita.
La mesera, que no estaba nada mal, comenzó con una risa incontenible, como si hubiera sufrido un ataque de asma con sonrisa incluida. Se agarraba el pecho como diciendo el mío no está en el menú. Mis hijos empezaron a convulsionar de la risa, los vecinos del lado casi aplaudían y yo, apocado por tanta algarabía, entendí la metida de pata. Pensando que el que no la embarra a la entrada la embarra a la salida, quedé mudo La metida de pata consistió en la pronunciación de “Worst” (salchicha) y “Borst” (teta). En Colombia nadie va a notar cuando digo la Vaca o la Baca, salvo que lo escriba. Esto que resulta obvio, en mi vida por estos lados me ha costado sangre.
Después de disculparme y aclarar lo aclarado, o sea que no estaba esperando que me fritaran un seno, el hambre se me quitó y la salchicha que finalmente me trajeron causó de nuevo el circo de risas. Es decir, el oso profundo. Ábrete tierra y cómeme. Quedé fichado en el restaurante. El dueño, a la salida me felicitó por hacer el esfuerzo de hablar holandés. Mis hijos me daban palmaditas en la espalda: “no te preocupes papi”.
Juré no volver al restaurante, pero sí a sacar las uñas en caso de que alguien de la familia se atreviera a recordar el momento.
Que tengan un domingo amable.
Enrique Aparicio Smith – Holanda marzo de 2015