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Rousseff no escuchó la petición de dos millones de personas provenientes de varios países del mundo, que le enviaron una carta con el mensaje: “Veta todo, Dilma”, haciendo referencia a la nueva normativa forestal, que según los ecologistas deja desprotegidos miles de kilómetros de la Amazonia.
Rousseff respondió vetando 12 de los 84 artículos del Código Forestal, no el documento completo como se lo habían pedido ONG como Greenpeace, WWF y Avaaz, que han liderado campañas mundiales, argumentando que la nueva normativa es más laxa con agricultores y madereros que practican la deforestación.
El fin de semana, Greenpeace revivió las protestas. El sábado pasado bloquearon las operaciones de embarque de hierro en un navío carguero en el puerto de São Luis, al norte del país. Cuestionan que Rousseff, quien será la anfitriona de Río+20 —la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable que se celebrará en Río de Janeiro entre el 20 y el 22 de junio— , le haya dado la espalda al medio ambiente.
“Brasil acogerá dentro de unas semanas la Cumbre de Río+20 y es muy probable que quiera mostrar en ella su valía en materia de medio ambiente, pero ¿quién le va a creer después de dar luz verde al nuevo Código Forestal y de no haber sido capaz de proteger totalmente la Amazonia?”.
A este hecho se suman las críticas provocadas por el papel de Brasil en la antesala a Río+20. Se dice que la propuesta con la que llegará el anfitrión es “hasta ahora vaga” y, además, ya se confirmó que estarán ausentes personajes claves como la canciller alemana, Ángela Merkel, y el primer ministro británico, David Cameron.