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Jorge Luis Pinto bajó al lobby del hotel Bogotá Plaza, en donde se concentra Millonarios, unos minutos después de la hora acordada para hablar con El Espectador. “Estábamos comiendo y ese es un tiempo sagrado para el grupo”, explicó el santandereano de 66 años. Vestido como si fuera a dirigir un entrenamiento, de sudadera azul y cachucha con el escudo del equipo, se sentó en un sofá de cuero café y contó su proceso como entrenador, desde el día en que gracias a una columna de un periodista de este diario se decidió por estudiar educación física en la Universidad Pedagógica de Bogotá, su proceso de preparación académica, sus logros deportivos, hasta sus sueños por cumplir: quedar campeón de la Libertadores con Millonarios sería su mejor despedida.
¿Desde cuándo se metió en la cabeza la idea de ser entrenador?
Desde muy chico. En mi colegio yo era el ayudante del profesor de educación física para armar al equipo de fútbol. Convivía con ese trajín de ser entrenador. Después, estando en el colegio, leía libros de fútbol, de táctica. Hubo un técnico brasileño, Reinaldo da Silva, que tuvo la selección San Gil y yo me la pasaba viéndolo entrenar.
¿Y cómo cogió forma esa idea?
Me acuerdo que por allá en 1969 le escribí a Mike Forero Nougués para que me dijera en dónde estudiar educación física, y él me respondió en una columna de El Espectador y me recomendó la Universidad Pedagógica.
Pero ¿desde niño tuvo el gusto por el fútbol?
Claro, es que toda mi infancia la pasé jugando fútbol. Cuando mis papás me daban plata para ir a cine el domingo, mi hermano se iba a ver películas y yo cogía esa plata par ir al estadio de San Gil. Me sentaba a ver y a analizar los partidos. Claro que también jugué, fui un volante mixto, un ocho. Era el capitán del equipo del colegio.
¿En algún momento tuvo el sueño de ser futbolista profesional?
Lo tuve, pero no era fácil. Yo vengo de un pueblo como San Gil y había una rosca muy fuerte en Bucaramanga, lo que hacía que fuera muy duro entrar. Tenía las condiciones, pero por encima de todo me tocaba estudiar.
¿Su familia lo apoyó cuando decidió estudiar educación física?
La verdad es que no estuvieron de acuerdo.
¿Qué le proponían?
Que fuera ingeniero o abogado.
¿Y se imagina cómo hubiese sido su vida en esas carreras?
Creo que hubiera sido un buen abogado penalista.
¿Cómo fueron los primeros días de estudio en Bogotá?
Íbamos a fútbol todos los domingos. Normalmente me colaba y me pasaba a la tribuna occidental. Me acuerdo de que el médico Gabriel Ochoa dirigía los partidos de Millos desde la tribuna y era Jaime Arroyave el que pasaba sus instrucciones desde la raya. Así que me di cuenta de eso y comencé a hacerme a escondidas detrás de él. Siempre que había partido, yo llegaba primero y esperaba a que él llegara. Me quedaba callado, oía, y cuando llegaba a mi casa anotaba lo que me llamaba la atención.
¿En qué momento se dio el vínculo con él?
Por un homenaje que le hicimos en la Universidad Pedagógica. Yo fui oferente y esa fue la primera vez que hablé con él.
¿Cómo terminó siendo parte del cuerpo técnico de Millonarios?
En ese homenaje nos dijo que, como nosotros éramos los especialistas en fútbol, él quería trabajar con alguno. Nos invitó a probarnos y comenzamos a ir a los entrenamientos de Millonarios. Fuimos varios y nos puso a hacer trabajos con jugadores como Willington Ortiz o Miguel Ángel Converti . Al cabo de dos o tres meses nos reunió y dijo que se quedaba conmigo. Ahí comencé.
¿Qué fue lo que más lo marcó de él?
Las charlas y los análisis nunca me los perdía. Aprendí todas sus metodologías de trabajo.
¿Y en la parte humana?
El liderazgo y el mando. Él era muy claro en eso, en el diálogo con los jugadores. Era un tipo muy preciso en sus conceptos, todo lo decía y hablaba en el momento oportuno.
¿Cómo le ayudó él para irse a estudiar a Brasil?
Fue el que me presentó a Osvaldo Brandão, que había sido el técnico de la selección brasileña, y cuando llegué allá estaba a cargo del Corinthians. Él me contactó con los grandes clubes de Brasil. Luego me convertí en un espía y le pasaba a Brandão un reporte de lo que veía en esos equipos.
¿Ese gusto por el fútbol brasileño nació desde que conoció a Reinaldo da Silva, en San Gil?
Sí, desde ahí. Claro que Brasil era el boom del fútbol mundial, así como Alemania. Esos dos países me atraían, esos estilos me llamaban la atención. Recuerdo que Carlos Alberto Parreira vino a Colombia a darnos un curso y ahí hablé con él y me motivé para ir a estudiar a Brasil, a la Universidad de São Paulo.
¿Por qué siguió su preparación en Alemania?
Porque Alemania siempre ha sido potencia. Además, porque conocí a unos entrenadores en Brasil que habían hecho cursos en Alemania. Llegué a Colombia y comencé a buscar becas. Me presenté a través del Icetex. Llegamos 70 profesionales, de ahí eligieron 10, luego nos hicieron entrevistas y quedamos cinco. Me gané la beca junto a un ingeniero civil de la Javeriana, una médica pediatra de la Universidad del Valle, una bióloga de la Universidad Nacional y un físico matemático de la Universidad Nacional.
¿Cómo le fue llegando a vivir a Colonia, hablando un idioma diferente?
Antes de llegar a estudiar a la Universidad del Deporte de Colonia y de hacer el curso de entrenadores de la Federación de Alemania, había hecho un curso de alemán en Colombia y me había internado seis meses en un instituto de allá. Presenté mi examen de alemán, lo pasé y comencé. Estuve dos años en esa ciudad, en la que me fue muy bien.
¿Siempre fue pilo para estudiar?
Pues antes no es que fuera pilo, pero, por ejemplo, las matemáticas y todas esas cosas me encantaban y sacaba muy buenas notas. Siempre terminé los cursos que comencé.
Ochoa, Brandão y José Texeira son sus maestros. ¿Quiénes han sido sus alumnos más avanzados?
Muchos han estado conmigo. Por ejemplo, Alberto Gamero ha expresado las vivencias que tuvo a mi lado. También Hárold Rivera, actual DT del Unión Magdalena, y ahora Freddy Rincón.
¿Cuánto le debe a Millonarios?
Cuando llegué de Alemania, tenía un minicontrato con Millonarios, porque ellos me habían enviado una plata para estudiar. Don Edmer Tamayo, que me conoció, me mandó a decir con Guillermo Ruiz que viniera y asumiera la dirección de las divisiones menores. Yo le dije a Guillermo que estaba agradecido, pero que a mí lo único que me interesaba era ser director técnico, que el día que él creyera conveniente me llamara. Pasaron unos meses, Edmer Tamayo le pidió consejo al médico Ochoa y me recomendó a mí. Siempre estaré agradecido por esa oportunidad. Y por ese agradecimiento es que volví después de tantos años a dirigir acá.
¿Cómo fue al principio?
Fue duro, difícil, una nómina berracamente buena. Grandes nombres como Wilmar Cabrera, Arnoldo Iguarán, José Van Tuyne, Alberto Vivalda. Hicimos un equipazo y perdimos el título. Afrontamos la Libertadores. Luego, por inconvenientes, a mitad de año salí.
¿Cuál ha sido el mejor momento que le ha dado el fútbol?
Estando en Alemania fue muy importante para mí que llegara Rinus Michels a dirigir ese equipo. Yo me la pasaba, cada vez que tenía una mañana o una tarde libre, viéndolo trabajar. Aprendí mucho. Vi a Jupp Heynckes en Borussia Mönchengladbach, Giovanni Trapattoni en Juventus, Nils Liedholm en la Roma y Javier Clemente en Bilbao.
¿Y en cuanto a logros deportivos?
Lo de Costa Rica fue algo muy lindo. Todo lo que se vivió en el Mundial de Brasil 2014, llegar a cuartos de final y perder dignamente en esa instancia ante Holanda. En clubes he vivido cosas magníficas con Millonarios la primera vez, el Santa Fe de Rincón, Wílmer Cabrera y Eduardo Niño. El Unión de 1989, si no es por la muerte del árbitro Ortega, peleábamos el campeonato. En Cúcuta gané el título, y lo de Alianza Lima fue mi primera experiencia dirigiendo afuera. Me vinieron a buscar y logramos dar la vuelta.
¿Qué tan bravo es usted?
Soy un hombre muy exigente, que prepara los entrenamientos todos los días y le gusta que las personas que trabajan a su lado den el máximo siempre. No puedo con la mediocridad. A quien no le gusta trabajar sufre conmigo. Eso sí, yo no soy irreverente, grosero, maltratador ni dictador.
¿Se ha agarrado con algún jugador?
Discusiones normales, pero nada más. Alguna vez dijeron que me agarré con Iván Ramiro Córdoba en la selección, pero nunca. Con Mario Yepes alguna vez dijeron que peleamos y lo mandé al banco, pero eso no fue así. En todos los clubes hay uno o dos que son la contra, porque no les gusta trabajar y con esos no puedo.
¿Fuera del trabajo cómo es?
Soy disciplinado, no bravo. Confunden por el tono de voz, pero solo soy exigente. Tuve maestros como Ochoa, Brandão y Rinus Michel, hombres temperamentales. Quizás por eso soy así. Pero no bravo. Fuera y dentro del trabajo soy tranquilo.
¿Qué objetivos le faltan en su carrera?
Una Copa Libertadores. Millonarios tiene la camiseta para eso. Ojalá la vida nos permita trabajar bien. Primero, ganar la Liga acá y salir a buscar ese objetivo. Creo que Millonarios necesita una victoria así como club.
¿Quisiera volver a una selección?
Habría que mirar cuál. Se me han presentado varias opciones, pero ir a dirigir a señas no. El día que me llegue una buena propuesta, voy. Pero no tengo afán. Soñé siempre con un Mundial y fui. Quería ir a unos Olímpicos y fui con Honduras. Si se vuelve a repetir, lo vuelvo a hacer, pero por ahora estoy feliz en Millonarios.
¿Qué tanto ha evolucionado la manera de dirigir?
Mis contenidos evolucionaron y cuando más lo hicieron fue en los últimos años. Tengo una nueva metodología, un nuevo sistema de entrenamiento. Hace 30 años subir a Monserrate era una maravilla, pero eso ya está mandado a recoger. Ahora todo se trabaja con balón y todo debe tener táctica.
¿Cómo ve el futuro de la nueva generación de entrenadores colombianos?
Hay buenos. Alberto Gamero, Hubert Bodhert, Flabio Torres, Alexis Mendoza. Creo que pintan bien, pero no se pueden conformar con lo que ya saben.
¿Le dolió que no quedara un colombiano en la selección?
Es lógico que nos duela. No tanto por mí, porque yo ya dirigí a Colombia y he estado en otras selecciones. Lo digo más porque había gente con méritos, como Juan Carlos Osorio, Luis Fernando Suárez o Reinaldo Rueda. Creo que ellos merecían su oportunidad, pero la verdad es que los dirigentes no creen en los técnicos colombianos.
¿Le gusta Carlos Queiroz?
Es un hombre capaz, con amplia experiencia y, aunque no ha sido un brillante ganador, tiene un mundo futbolístico bueno. Lo único que quiero es que haga su plan, que trabaje y deje un legado. Creo que eso le faltó al profesor José Pékerman. Un gran hombre, un caballero, pero creo que no le entregó nada táctico, ni un modelo de juego a Colombia, especialmente en la segunda etapa. Yo lo respeto mucho, pero no comparto la expresión futbolística que él le dejó al fútbol colombiano.