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Las Cortes, las intrigas y la política

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Se avecina la elección del registrador nacional del Estado Civil.

De primera importancia es esta elección, pues el registrador asegura la adecuada y transparente realización de todas las elecciones en el país. Se trata pues de uno de los cargos públicos de mayor relevancia para la democracia. Adicionalmente, la Registraduría Nacional cuenta con cientos de funcionarios  y maneja un presupuesto de miles de millones de pesos.

Pues bien, que el país empiece a pensar en la idoneidad del próximo registrador nacional se hace apremiante, toda vez que se avecinan las elecciones regionales y ya en poco tiempo estaremos hablando otra vez de las campañas presidencial y al Congreso de la República. De acuerdo con el artículo 266 de la Constitución, esta trascendental elección les corresponde a los presidentes de la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado.

Es esta otra de las funciones electorales que realizan las Cortes y que tanto mal les hacen, no porque sea malo en sí mismo que se involucren en estas tareas, sino porque las campañas políticas que se organizan alrededor de estos procesos los terminan involucrando a todos  y minando la independencia judicial.

Lo mismo sucede con la elección de magistrados, el nombramiento del  fiscal general de la Nación, y la conformación de las ternas para la elección de magistrados de la Corte Constitucional, contralor general de la República y procurador general de la Nación entre otras. Lo cierto es que en estos procesos electorales interviene todo el mundo: el Gobierno, el Congreso, la mayoría de los magistrados (no todos), los expresidentes, las universidades, el Opus Dei, la Logia Masónica, las iglesias cristianas, los gremios, los sindicatos, los partidos políticos y los medios de comunicación. A eso se suman  los cocteles, almuerzos, aviones privados, hoteles, impresos, videos, asesores políticos y de comunicaciones que intervienen en este inmenso campo de acción política.

He ahí la causa de la enfermedad que está afectando a la justicia en Colombia. Por ello hay que hacer algo urgente para evitar tanta interferencia política, para lo cual no se necesitan reformas constitucionales. Simplemente conseguir que a partir de hoy mismo se acaben las campañas en la Cortes. ¿Cómo lograrlo? Pues relativamente fácil: hay que reformar los reglamentos internos de las Cortes, algo que depende de ellas mismas. En esa forma se deben prohibir las citas y entrevistas personales y privadas de los candidatos. No más palancas. No más llamadas, no más almuerzos. No más cocteles. Es impulsar una moción de respeto por la magistratura y por todos aquellos que intervienen en estos procesos.


Si la hoja de vida de los candidatos no se defiende sola, si hay que presentarse en cocteles o en iglesias, si hay que llevar regalos o si los políticos impulsan esas candidaturas, pues simplemente no merecen el cargo. Dejo constancia, eso sí, que yo mismo he tenido que hacer antesala días y días para presentar mi hoja de vida. Esas son hoy las reglas del juego.

Desde la creación de la ciencia jurídica hace 2.000 años en Roma, se dijo que el derecho se impulsa con la fuerza de la idea, con la solidez de los conceptos y con la ‘auctoritas iuris’, es decir, con el saber socialmente reconocido de los juristas. Con la llamada autoridad moral e intelectual de  quienes tienen el sagrado deber de impartir justicia. Defender a las Cortes de esas interferencias debe ser un propósito inaplazable y de todos.

Las sala plenas de las Cortes pueden tomar esta decisión ya.

•    Exministro de Justicia y del Derecho, profesor universitario

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