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Alzhéimer, o la pérdida de identidad

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El arte de perder se domina fácilmente; / tantas cosas parecen decididas a extraviarse / que su pérdida no es ningún desastre. / Pierde algo cada día. Acepta la angustia / de las llaves perdidas, / de las horas malgastadas. Elizabeth Bishop.

Muchas veces he oído decir que el alzhéimer lo sufren los otros, la familia del enfermo, sus amigos, y no la persona que lo padece; lo sufren ellos, dicen, porque deben lidiar con los olvidos de un nuevo ser que ya no es como antes, repetir las mismas frases, forzar su propio ego a enfrentar que, para el otro, ya no se es nadie, se es irreconocible. Muchos piensan que se trata de una especie de demencia senil intensificada, y que en la demencia nadie sufre, porque la cordura está ya lejos y no representa un punto de referencia. El demente y el amnésico parecen vivir en su propio universo cerrado, impenetrable pero propio. Parecen ausentes pero están en casa, en la casa de su propia mente.

Pero qué es de aquel que, aún consciente, empieza a darse cuenta de que poco a poco olvida las palabras, las citas, los nombres, sus recuerdos. Qué es de aquel que debe soportar el tránsito entre el universo que ha habitado siempre, que es un universo compartido, y uno que sólo le pertenecerá a él, que se impondrá con la pérdida absoluta de la memoria.

Still Alice, película que se estrenó hace una semana en Colombia, retrata la angustia desde esa perspectiva. La cinta está basada en el libro de Lisa Genova sobre una profesora de Harvard, irónicamente experta en psicología cognitiva y ligüística, que padece un tipo extraño de alzhéimer prematuro.

Al ver la cinta puede ser difícil contener el llanto, o hay quienes salen fastidiados, porque “qué sentido tiene ir a cine a sufrir”. Para mí fue una especie de epifanía. Parece obvio, pero jamás había sentido tan fuertemente unidas la noción de identidad con la memoria. Uno es lo que recuerda porque uno es lo que ha vivido, lo que ha aprendido, lo que ha visto, lo que ha conocido y lo que ha construido. ¿Quién se es cuando todo eso queda borrado?

Alice dice: “Toda mi vida he acumulado recuerdos que se han convertido en mi más preciado tesoro. Todo lo que he acumulado, todo por lo que he trabajado tan duramente, todo eso ahora me está siendo arrebatado. Como pueden imaginar, esto es el infierno. Pero se pone peor: ¿quién puede tomarnos en serio cuando estamos tan lejos de lo que una vez fuimos? Nuestro comportamiento extraño y frases torpes cambian la percepción que otros tienen de nosotros, y la que tenemos de nosotros mismos. Nos convertimos en seres ridículos, incapaces. Pero eso no es lo que somos, es nuestra enfermedad (…). Por favor no crean que sufro. Yo no estoy sufriendo, estoy luchando. Luchando por ser parte de las cosas, por mantenerme conectada. Así que vivo el momento, es todo lo que puedo hacer. Y no castigarme mucho a mí misma por dominar el arte de perder”.

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