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Hace tres años las agencias de inteligencia y seguridad del Estado empezaron a percatarse de que luego de feroces combates entre las Farc y las bandas criminales por el control territorial de regiones estratégicas para el tráfico de droga, estas organizaciones resolvieron levantar una bandera de paz y compartir las utilidades de esas zonas. La primera de estas informaciones llegó de Guaviare. El segundo caso se selló en Meta. Las autoridades están convencidas de que estas sociedades, sumadas a herederos de la mafia, fueron las responsables del atentado contra el exministro Fernando Londoño Hoyos.
Según las fuentes consultadas por El Espectador, fue el propio Mono Jojoy quien facilitó uno de los primeros encuentros. De hecho, en algunos de los computadores encontrados en el campamento bombardeado del jefe guerrillero, en La Macarena (Meta), se encontró información relacionada con esta reorganización de la criminalidad. “Estas alianzas se dieron en un comienzo para parar la guerra entre ellos y compartir las ganancias de la droga. En otros casos se dieron para enfrentar a la Fuerza Pública”, sostuvo un alto oficial. Pero al parecer lo que dio un giro significativo a estos pactos fue la llegada al poder del presidente Juan Manuel Santos.
De acuerdo con fuentes de la Casa de Nariño y la cúpula de la Fuerza Pública, luego de la salida del gobierno Uribe la guerrilla empezó a considerar la posibilidad de explorar caminos de diálogo con el gobierno Santos. Esa fue la línea que trazó el entonces número uno de las Farc, Alfonso Cano, antes de caer abatido en noviembre pasado. “Muerto Cano —sostuvo la fuente—, Timochenko no dudó en retomar ese camino de alianzas teniendo en cuenta que es la única salvación política para ellos”. Paralelamente, cuando trascendió información según la cual Daniel El Loco Barrera se refugiaba en la frontera con Venezuela, se dieron los acercamientos entre Timochenko y el capo.
“Sabemos de dos reuniones que se dieron en la frontera en las que ambos mandaron delegados. Uno de los temas que se tocó fue explorar la posibilidad de que, en caso de que se propiciara una negociación con la guerrilla, se incluyera el narcotráfico como punto para desactivar el conflicto”, añadieron las fuentes gubernamentales. La invitación, según conoció este diario, se habría extendido a otros grupos delincuenciales y llegó a oídos de lo que se conoce como las bacrim, las organizaciones que controlan el tráfico de estupefacientes en Colombia.
En esa reacomodación de fuerzas, advirtieron fuentes de los organismos de inteligencia, al parecer entraron en escena familiares y colaboradores del ‘expara’ Ramón Isaza para trabar contactos con el frente 47 de las Farc, bastante disminuido después de los sucesivos golpes militares recibidos. Las Farc, exparamilitares, bacrim y ‘narcos’ coinciden en un derrotero particular: la única presión posible para ganar notoriedad es el terrorismo. Fuentes del alto gobierno enteradas de este tema reconocieron que el marco para la paz inclusive podría cobijarlos, por eso “no creemos que el atentado contra Londoño hubiera tenido como telón de fondo esa ley”. Sencillamente, aseguran, se buscaba desestabilizar el Estado.
De la misma forma, las altas fuentes militares sostienen que ya se registraron reuniones y contactos entre los exparamilitares de la Costa Caribe con guerrilleros para lograr un estatus diferente. El Espectador supo que incluso se ha ventilado la intención de agruparse bajo un mismo rótulo o título para hablar con el Gobierno. “Por eso estamos seguros de que el ataque al exministro fue obra de este nuevo grupo, de esta alianza criminal que puede poner en jaque al Estado”. Según la fuente consultada, por separado ninguno de estos grupos lograría desestabilizar al Ejecutivo, pero si se unen la cosa sería a otro precio.
Para el Gobierno la respuesta es una sola: sometimiento. Sin embargo, las fuentes consultadas creen que hay un ánimo político para facilitar estas negociaciones y terminar de una buena vez con el conflicto. “Lo que sí es claro es que hay una alianza, que están dispuestos a enfrentar al Estado y que el atentado de la calle 74 del pasado martes, donde murieron dos personas del esquema de seguridad de Londoño Hoyos, es sintomático de lo que ha venido ocurriendo de un tiempo para acá”. Y añadió el oficial enfático: “Los que pusieron la bomba son milicianos y desmovilizados de las Farc. Pero los ejecutores son los herederos de la mafia”.
En ese contexto, este diario estableció que los organismos de seguridad analizan varios correos de las Farc en los que se hablaría de una reunión entre alias Romaña, del bloque Oriental de las Farc, con un sobrino de El Loco Barrera. En dicho encuentro se habría tocado el tema de “ajusticiar políticos” y se habrían ratificado los acuerdos entre estas organizaciones. En otros correos hallados se lee que el comandante subversivo Pablo Catatumbo se habría cruzado mensajes con colaboradores de Los Comba, Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna —ya en cárceles de Estados Unidos—, para detener la guerra.
En otra comunicación que es objeto de análisis por parte de los organismos de inteligencia aparece un correo electrónico de Jojoy en el que se dice que Los Comba mandaron unos fusiles al frente séptimo de las Farc. También se halló un correo en el que Timochenko le escribió al secretariado que El Loco Barrera quiere negociar su entrega y busca un pacto político. Una evidencia de la persecución de las autoridades para desactivar la maquinaria criminal del capo, que se volvió una obsesión para los organismos de seguridad.
Aunque los indicios apuntan a que fueron milicianos de las Farc los responsables del atroz atentado en contra del exministro Londoño —que dejó dos muertos y 54 heridos—, el presidente Juan Manuel Santos insistió ayer en que no hay evidencias categóricas de la participación de la guerrilla en el ataque. El jefe de Estado tampoco descartó esa posibilidad, pero parece inclinarse por la tesis de “la mano negra”, la misma que ha denunciado él mismo, que busca desestabilizar el Gobierno.