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Son 12 millones de dólares los que recibirá Colombia por parte del Banco Interamericano de Desarrollo para hacerle frente a la violencia escolar. Así lo había prometido la ministra de Educación, María Fernando Campo, cuando el país, indignado por la muerte de un niño de 12 años a manos de sus compañeros de clases, le exigió al Gobierno que tomara medidas concretas para enfrentar ese fenómeno.
El dinero se invertirá, entre otras cosas, para inyectarles presupuesto a las secretarías de Educación, en la promoción de proyectos de convivencia ciudadana y derechos humanos y en investigaciones sobre la violencia escolar. ¿Qué proponen los expertos para que esta millonaria inversión sea exitosa? El Espectador consultó a algunos de los más reconocidos en este tema.
“En la formación de docentes”, responde Enrique Cháux, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes. “Para formar a aquellos que están ejerciendo y a los que están estudiando para ser profesores en el futuro, para que cuando se gradúen estén preparados para manejar las competencias ciudadanas y la educación para la convivencia”. Agrega que él, con ese presupuesto, invertiría en programas que trabajan en el desarrollo de competencias ciudadanas y en la evaluación del impacto de esos programas.
¿Y la idea de una cátedra? ¿Por qué en el pasado este tipo de asignaturas han sido un fracaso en tantas instituciones? “Hay muchas clases en formación ciudadana que están enfocadas en que los estudiante tengan conocimientos sobre símbolos patrios, o en las que se escuchan discursos sobre la importancia de los valores. Pero no hay tantas que enseñen estrategias concretas para manejar problemas de la vida real. Competencias necesarias para manejar conflictos y para frenar asertivamente situaciones de agresión”, dice Cháux.
Gabriel Torres, coordinador del programa “Educación, Compromiso de Todos”, dice abiertamente que “las cátedras no impactan realmente. Abren los debate de juicios éticos o morales para actuar cívicamente, pero eso no garantiza un aprendizaje. Yo invertiría menos en cátedras y más en cómo generar espacios reales de convivencia. Procesos específicos de conciliación de los conflictos escolares, construcción de redes sociales en las instituciones, como grupos juveniles, deportivos, culturales, que fortalecen la convivencia. Ese es el secreto: desarrollar habilidades para convivir”.
“Para incentivar la no violencia se necesita desarrollar una serie de habilidades mentales y afectivas, y es muy importante porque habitualmente los colegios no trabajaban la parte afectiva. Se pensó que lo importante era manejar sólo conocimientos”. Esta es la opinión de Rosario Jaramillo, asesora del Icfes y exdirectora del programa de Competencias Ciudadanas del Ministerio de Educación.