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Programa de la tv iraquí se atreve a hablar de sexo

Es sensación ante un público que, al verlo, desafía las leyes más conservadoras de ese país.

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Bagdad.- El concepto del programa de televisión era subversiva para las normas iraquíes: una comedia tan atrevida que pudiera bromear sobre sexo y relaciones.

“La idea que teníamos para este programa era meramente una bola de nosotros sentados, bebiendo y bromeando”, dijo Gazwan Shawi
, uno de los productores, quien usaba gafas oscuras envolventes y una cadena de oro, quien recibió a un invitado con un elaborado apretón de manos al estilo de los raperos.

Aquí y en otras partes, las bromas de jóvenes hombres borrachos tiende a regresar a un tema en particular: sexo
. “Entre los amigos”, dijo Shawi, hablando de los anfitriones del programa y miembros de su equipo, “siempre hablamos sobre estas cosas. ¿Por qué no podemos permitir que el público vea esta realidad?”

Lo han hecho, y por eso han atraído a un enorme grupo de seguidores para “Hay Alguien”, en honor a una típica transición iraquí a una broma o chiste, algo similar a “Toc, toc”. El programa, transmitido el domingo por la noche, se ha convertido en una sensación nacional y la sustancia de la proverbial conversación junto al garrafón de agua los lunes por la mañana. Discos DVD de episodios previos están entre los mejor vendidos en los mercados de la ciudad.

Sin embargo, las bromas no han caído tan bien entre censores gubernamentales y grupos religiosos. El programa reanudó las grabaciones después de un lío que siguió a quejas de la comisión de medios del gobierno. Después de que un grupo religioso protestara afuera del estudio, la red que transmite el programa accedió a quitar de este a una DJ cuyo baile había ofendido a los devotos.

El programa es tanto popular como polémico, exponiendo totalmente los profundos cismas en la sociedad iraquí sobre los límites de nociones al estilo occidental sobre la libertad de expresión. En Irak, la ley islámica está consagrada en la constitución a un lado de garantías de libertades personales.

Este programa ha tocado un nervio sensible entre una opinión pública hambrienta de entretenimiento de casa que desafíe ciertas ortodoxias y cansado de programación con tintes políticos producida por canales afiliados a partidos y funcionarios. “Hay Alguien” es transmitido por Al-Sumaria, que pertenece a un empresario libanés y se considera uno de los pocos medios que no está vinculado a un partido político.

El formato es simple: cinco o seis hombres sentados en sillas amarillas al centro de un estudio, bebiendo grandes tarros amarillos de café y bromeando entre sí. Un público de estudio se queda mirando. Con frecuencia las bromas son aptas para todo público; hace poco, una presentaba a un burro introduciendo furtivamente a un cocodrilo a una fiesta, alegando que estaba usando una camisa polo de Lacoste. Las bromas no necesariamente se traducen bien al inglés, y esta fue hilarante a no más para muchos espectadores.

Justamente con la misma frecuencia, los bromistas abordan temas que han sido estrictamente tabú en la televisión local, como la satisfacción sexual, adulterio, ebriedad y los ciclos menstruales de la mujer. (otro chiste, que tampoco se traduce bien, dice que un hombre envía a su esposa al mercado para que él pueda participar en sexo telefónico con su amante).

“El programa está desafiando alguna ideas y tradiciones sociales, y es por esa razón que pudiera captar tanta atención”, dijo Waleed Monem, anfitrión cuya mueca y energía cual payaso sirven como el centro de gravedad del programa.

Estos tipos no son sustitutos iraquíes de Eddie Murphy o Andrew Dice Clay. Hablar de sexo en televisión aquí, y provocar risas por hacerlo, requiere de una proeza de gimnasia lingüística y el despliegue de dobles sentidos y sutiles palabras clave. “Al principio estábamos asustados”, dijo Yasir Sami, otro de los anfitriones del programa.

Desde el principio, dijo Sami, los creadores del programa querían ver hasta dónde podían extender los límites de lo aceptable en la televisión local. Tuvieron la inteligencia de apartarse de la política y la religión, explosivos temas sobre los cuales decir algo equivocado podría causar la muerte de alguien. Así que se quedaron con el sexo. “Sin embargo, estamos intentando decir cosas de manera indirecta”, destacó Sami.

Por la mañana del domingo, un par de horas antes de grabar para el comienzo del programa, un grupo de hombres jóvenes se había reunido afuera del estudio con la esperanza de ser elegidos para el público. Cuando llegó Monem, el anfitrión, fue abordado en busca de armas justamente como todos los demás. Ahad Yasin, de 29 años, dijo que había venido a observar porque “es asombroso tener un programa como este”.

“Nos permite olvidar todas las cosas tristes”, agregó. Yasin, vestido con una ajustadísima camiseta con la etiqueta de “Dior” y jeans negros igualmente ceñidos, dijo que se había cansado de ver otros canales iraquíes. Están repletos de noticias sobre “AEI y discursos políticos”, dijo, usando la abreviatura de aparatos explosivos improvisados. “Es un éxito, y esto por supuesto ofenderá a los políticos, quienes preferirían que meramente viéramos sus discursos en televisión”, dijo Yasin.

Otro hombre, quien vive en Amara, en el sur cerca de la frontera iraní, dejó su hogar a las 4 de la tarde y condujo durante cinco horas para pararse en una fila afuera del estudio. “Como un hombre joven, realmente puedo entenderlo”, dijo. “Nosotros siempre hacemos bromas de este tipo. Es normal”.

El programa les ha dado a los anfitriones, ya bien conocidos en Irak por sus apariciones previas en medios, un nuevo nivel de fama. Cuando se mezcla con polémica, la prominencia aquí puede ser peligrosa. “Sí, sí, sí, tengo miedo”, dijo Monem. “No abordo taxis a menos que conozca al chofer. No voy a restaurantes populares. He oído rumores, pero no he recibido una sola amenaza directa”.

Monem y algunos de los otros creadores del programa trabajaron en los medios bajo el gobierno de Saddam Hussein. Se deleitan en su nueva libertad creativa, pero destacan que siguen existiendo demasiados límites sobre lo que ellos pueden producir. “Si lo comparan con antes de 2003, sí, sí hay cierta libertad”, dijo. “Si lo comparas con el resto del mundo, no”.

Yasser Ghazi contribuyó con información

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