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Etapa que en lo académico no admitía dudas, pero sí en su carrera deportiva, y por eso más se tardó en instalarse en la metrópoli, que en continuar practicando la modalidad de nado sincronizado.
Por fortuna para ella, junto a cuatro deportistas más que incursionaban en la disciplina, fundaron el Sincroclub Ondinas, donde la joven deportista, campeona suramericana en 2001, aprovecha su experiencia para formar nuevos talentos, gracias a su labor de entrenadora infantil y asesora técnica del programa.
Con apenas 20 años, compite y enseña, lo cual, según Norma Janitza Valderrama, su madre y entrenadora oficial desde hace cuatro años, “describe la vocación que Luana siempre ha tenido hacia el nado sincronizado, porque aparte de obtener notas sobresalientes en la Universidad, a diario saca tiempo para su preparación, está pendiente del más mínimo detalle y en líneas generales es bastante profesional”.
En cuanto a logros, el club ostenta la medalla de bronce en el pasado Festival Infantil, celebrado en la capital, e igualmente el tercer lugar en el Interligas del año pasado. Gracias a ello, Prato fue invitada a participar en eventos deportivos y empresariales, presentando sus rutinas de solo, y al ser cada vez más frecuentes las invitaciones, decidió crear el ballet acuático que lleva su nombre, con el cual presenta un show especializado, cuya misión “es la de divertir y recrear el espíritu del público espectador, porque no es muy común ver algo así en Bogotá”.
El impacto de la presentación es tal, que multinacionales de la talla y el prestigio de Motorola y Siemens la han contratado, además de varias empresas colombianas, entre las que se destacan Colsubsidio y Caracol.
Los aplausos que recibe durante cada presentación son los que la impulsan para mantenerse a flote, pero a esta integrante de la selección Colombia de nado sincronizado la motivación se le ahoga por momentos, sobre todo cuando supo que el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (IDRD) no inscribió a la modalidad para los Juegos Nacionales de este año, decisión que ella califica como “inexplicable, porque era una medalla de oro posible”.
Por eso la opción del retiro ha asomado con insistencia en los últimos meses, pero hasta el momento puede más el amor por una disciplina de la que Luana se enamoró por completo, porque “no hay nada en el mundo que me apasione más que estar en el agua y, la verdad, al imaginarme lejos del nado sincronizado no le encontraría sentido a mi vida”.