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Ante la controversia inicial surgida entre el Ministro de Minas y Energía, Hernán Mejía Torres, y el Secretario de Minas y Energía de Antioquia, Nicolás López Correa, por una declaración pública del primero en la que decía que en la mina San Fernando se reportó, luego de una inspección realizada por Ingeominas el pasado 9 de junio, que el yacimiento no contaba con detectores permanentes de gases y una chimenea para la evacuación de los mismos, y la respuesta del segundo asegurando que la mina sí cumple con todas las Guías Minero Ambientales en materia de seguridad e higiene, vale la pena enunciar cuáles son esas prácticas que debe cumplir una mina de carbón subterránea para minimizar los riesgos de una tragedia como la ocurrida en el Municipio Amagá, suroeste antioqueño, el miércoles anterior.
Que el aire circule
Según un experto consultado por EL ESPECTADOR, quien prefirió omitir su identidad, dentro de las posibles causas que debe considerar el grupo de ingenieros asignados para investigar cómo y por qué ocurrió la explosión, se encuentra la posible inexistencia de un adecuado circuito abierto de ventilación en la mina. Es decir, lo ideal es que una mina cuente con un sistema de ventilación con una entrada y salida independientes y suficientemente separadas para el aire fresco y para el viciado con gas metano y monóxido de carbono. Para la extracción de los gases se requiere de una chimenea y un sistema de ventilación, situado en la parte más alta, que los succione, mientras que en la parte baja lo ideal es que la mina tenga una entrada para el aire fresco. Así se garantizará que circule en el socavón permanentemente un buen volumen de aire.
En caso de no existir este circuito, se dificulta succionar el gas metano y el monóxido de carbono que se acumulan en la sección más profunda o expulsarlos por otra parte, haciendo necesario, luego de una tragedia, del uso de sistemas portátiles de ventilación que aireen pequeños tramos de la mina y permitan así la labor de rescate de los socorristas, con relevos constantes de personal (cada 10 minutos). El 14 de julio de 1977, cuando en el Municipio de Amagá se registró otra explosión por acumulación de gases en la mina El Silencio, propiedad de la desaparecida Industrial Hulleras, que cobró la vida a 86 mineros, la existencia de un circuito de abierto ventilación permitió que el rescate de las víctimas se llevara a cabo en un lapso de entre 6 y 24 horas, ya que la dilución del monóxido de carbono (gas de alta toxicidad) fue más rápida y permitió a los cuerpos de rescate operar con mayor prontitud y seguridad. Los socorristas entraban por otra boca de la mina por la que circulaba aire fresco.
Mojar el carbón, medir niveles de grisú y usar dinamita de seguridad
Otra de las posibles causas de la explosión pudo ser la acumulación de polvo de carbón durante las labores de extracción del mineral, el cual se adhiere a las paredes de la mina y se incendia con gran facilidad. Para contrarrestar este problema, se deben de rociar las paredes con cal para evitar una explosión y disponer de sistemas de duchas de agua en los diferentes tramos de la mina y en los puntos de transferencia del mineral para evitar que el polvo reaparezca y así se garantice que el carbón salga mojado del socavón.
También se deben hacer mediciones diarias de concentración del gas metano producido por el carbón, mediante el uso de detectores en varias secciones de la mina, y de la presión atmosférica usando barómetros afuera del socavón. El grisú, como es conocido por los expertos el gas que se encuentra en los yacimientos de carbón subterráneos, está compuesto principalmente por metano y si su concentración es superior al 5% se puede generar una explosión espontánea al contacto con una fuente de energía como una chispa producida por un corto circuito.
El uso de dinamita de seguridad, que no produce fogonazo, y detonadores eléctricos, en vez de mecha de chispa abierta son otras práctica de seguridad que minimizan el riesgo de explosiones en las minas. El experto consultado por EL ESPECTADOR ve muy poco probable que la tragedia en la mina San Fernando se haya producido por malas prácticas de los mineros como fumar o emplear mechas de chispa abierta para detonar dinamita.