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El BMX fue el primer amor de Sebastián Morales. Antes de cumplir seis años, solo pensaba en montarse a una bicicleta para superar olas de arena y vencer a los demás pequeños soñadores. Cuando acababa su entrenamiento, iba a supervisar el de su hermana Adriana, quien practicaba nado sincronizado. Al ver que se encontraba bien, Sebastián seguía de largo a las piscinas de clavados y su retina se iluminaba tanto como el sol de su natal Medellín.
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La decisión estaba tomada. Se dedicaría a esas maromas que lo cautivaron. “Esto es lo mío”, fueron las palabras que brotaron de sí, instantes después de que hiciera su primer salto, uno de un metro. “Pensaba que mucha gente jugaba con un balón o nadaba, pero muy pocas se montan en un trampolín”, le contó Morales a El Espectador.
Para poder entrenar con la Liga de Antioquia de Natación, Sebastián debía rendir en el estudio. Le iba bien en matemáticas, física e inglés, asignatura en la que se convertía en ayuda para sus compañeros del Instituto San Carlos de La Salle, pero no eran pocas las ocasiones en que perdía geometría y, paradójicamente, educación física. “Me daba mamera trotar, hacer lo mismo que iba a realizar en la tarde en mis entrenamientos”.
De todas formas, al final del año escolar obtenía resultados positivos y así ganaba más tiempo de permisos para practicar sus clavados. No obstante, como todos los seres humanos, en algunos momentos la pereza se adueñaba de sus mañanas y eran sus padres, Luis Ariel Morales y Gloria Stella Mendoza, quienes lo obligaban a levantarse de la cama y no dar ventaja en la actividad adorada.
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“En esos momentos no entiendes el motivo por el que te están forzando a ir. Luego, a largo plazo, te das cuenta de que es un favor y que es la manera como ellos te demuestran su amor y apoyo. Hoy en día viven orgullosos de mí”, agregó Morales, un hombre que a la formación de sus papás respondió con medallas en competencias nacionales e internacionales, y que tendrá que esperar hasta 2021 para buscar la más anhelada: la de unos Juegos Olímpicos.
Sebastián se clasificó en julio de 2019 a las justas de Tokio, aplazadas, por el COVID-19, para celebrarse del 23 de julio al 8 de agosto del próximo año. La duda lo agobió cuando no había certeza sobre la cancelación de las Olimpiadas. Ahora, en confinamiento en Medellín junto a Laura Cardona, su novia y entrenadora, y sus dos perros, Barto y Sul, realiza ejercicios para no perder la forma física y, cuando se pueda, volver a los trampolines acompañado de la música que escucha antes de lanzarse al agua desde las alturas.
Con la tecnología, Sebastián Morales Mendoza se comunica con sus padres y hermana; en su pareja sentimental halla el refugio emocional; en los videojuegos, los momentos de diversión, y en la evocación de su historia, la motivación para encontrar los aspectos positivos de la actual coyuntura.
@SebasArenas10 (sarenas@elespectador.com)