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No de otra forma podría entenderse que cuatro gobiernos pasaran de largo —con reelección a bordo—, mientras la selva pudría a destiempos las esperanzas de la libertad, arrebatada por la guerra. Durante 16 años la batalla por el canje ensangrentó el país. Un capítulo de horror en el conflicto colombiano que nadie entiende en otras latitudes. Las Farc convirtieron el secuestro en una cruzada extorsiva en la que mercadearon las voluntades de los cautivos por escenarios y flashes internacionales.
La entrega de los últimos “canjeables” —qué palabra cavernícola— concluye una travesía de calamidades de más de tres lustros. La exsenadora Piedad Córdoba y el colectivo de Colombianos y Colombianas por la Paz, posicionaron en este país desmemoriado la laberíntica agenda de la libertad por la vía de la negociación. Se unieron a los esfuerzos solitarios de la organización Asfamipaz de Marleny Orjuela, e insistieron en caminos de diálogo que siguen siendo difusos, pero de los que por lo menos se habla.
Algunos entendidos en el conflicto sostienen que ya sin secuestrados las Farc no quedan siendo otra cosa que una banda criminal más con jerarquías fragmentarias, y el tráfico de estupefacientes como el eje de sus finanzas. En otra orilla se afirma que esta liberación constituye una victoria política para la guerrilla porque significa que después de casi 14 años el Estado fue incapaz de traerlos de nuevo al seno de sus familias. En un punto intermedio se oyen voces que opinan que el secuestro extorsivo sigue ahí, y que hay más de 400 colombianos que no registran titulares, pero que continúan encarnado un drama sin nombre.
Cada uno de los secuestrados que ha sido protagonista de la salvaje violencia de Colombia, retorna a un país que le es ajeno en muchos casos, y se encuentra con una esposa o una familia que ya se ha ido; y después de la efervescencia de las primeras páginas y las entrevistas, cuando regresan de la manigua, pronto el olvido vuelve a tomar su curso y el de sus historias de vida. Nos volvemos a ocupar cuando vienen los tiempos de los aniversarios o los números redondos. !Que esta vez no ocurra igual
!Bienvenidos a la libertad!
*Editor Judicial de El Espectador