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El dato previo al encuentro era el siguiente: Nacional y su invicto de 14 partidos en casa frente al Deportivo Cali. De hecho, el último triunfo azucarero en el Atanasio Girardot fue en abril de 2009 cuando se impuso 2-1. Este domingo, el equipo antioqueño aumentó esa racha a 15 duelos y no precisamente por haberse quedado con los tres puntos, sino por empatar sin goles frente a los dirigidos por Gerardo Pelusso en un juego en el que el local estuvo más cerca de la victoria.
De estar en una situación normal, este hubiera sido un buen resultado para el Cali por la lucha en la cancha, por aguantar las arremetidas, por adelantar las líneas en una cancha en la que muchos solo se defienden. Pero la tabla de posiciones es clara y tiene al verde del Valle del Cauca en la décima casilla, fuera del grupo de los ocho, peleando por puntos para entrar mientras que de reojo está pendiente de la Copa Suramericana (enfrenta a Santa Fe en cuartos de final).
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Lo cierto es que Nacional, con muchas opciones sin poder concretar y con la posesión de la pelota, se mantuvo en la octava casilla, con 22 puntos y por ahora aunque no juega muy bien, aunque su gente le pide más, está dentro. Dayro Moreno, Vladimir Hernández y Juan Pablo Ramírez, algunos de los que intentaron de media distancia, dentro del área, hasta de cabeza, pero que no pudieron vulnerar el arco de Camilo Vargas, de lejos el mejor portero del fútbol colombiano.
Ya en el cierre del encuentro, la impotencia de Atlético Nacional se vio reflejada en el cabezazo de Jeison Lucumí a Dayro Moreno, a su propio compañero que soltó una ráfaga de palabrería antes de que el volante viera la roja por la agresión sin pelota (se pelearon por el cobro de un tiro libre). Una acción que demuestra lo caliente que estuvo todo, la posición del delantero tolimense que lo pide todo y que lo critica todo hasta acabar con la paciencia de los demás (ya había tenido un encontrón con Castellani hace algunos días y con Ramírez en este mismo encuentro).
La falta de gol obnubila a Nacional y sus jugadores que no parecen encontrar el camino y que se pelean entre ellos en una explosión de emociones y de incapacidad. Por fortuna no fue una derrota frente al Cali, algo que hubiera agrandado la situación. Por cierto, apenas terminó el partido Dayro Moreno salió corriendo enfurecido rumbo al camerino de seguro a buscar a Lucumí. Y sus colegas intentaron detenerlo.