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Ha pasado poco más de mes y medio desde que el alcalde de Caracas, Antonio José Ledezma Díaz –elegido el 28 de noviembre de 2008 en las urnas por el Partido Alianza Bravo Pueblo–, tuvo que dejar su despacho y comenzar a gobernar desde su camioneta, recorriendo las calles de la capital venezolana. El presidente Hugo Chávez promulgó una ley creando el cargo de “jefe de Gobierno de Caracas”, nombrando allí a Jacqueline Faria, quien asumió todas las competencias y bienes que administraba el alcalde, incluido su palacio de Gobierno. “Un golpe de Estado”, dice Ledezma, quien se encuentra de visita en Bogotá y en diálogo con El Espectador habló de su situación, de la oposición a Chávez y del significado que para una democracia puede tener una reelección presidencial.
¿A qué se debe su presencia en Colombia?
Quise que mi primer viaje después de ganar las elecciones fuera a Colombia, por el aliento que aquí se siente en la defensa de la democracia venezolana. Vine a reunirme con ex alcaldes de Bogotá que tuvieron un buen desempeño y a coger fuerza espiritual para seguir en mi lucha.
¿No se le estarían dando motivos al presidente Chávez, quien ha acusado a la oposición venezolana de armar complots desde Colombia?
Lo que sería malo es venir a Colombia a reunirse con narcotraficantes o con la guerrilla, buscando combinar acciones con grupos al margen de la ley. Vine aquí como ciudadano a participar en reuniones transparentes y quiero compartir lo que he vivido como Alcalde Metropolitano en Caracas, donde he sido víctima de una serie de arbitrariedades por parte del Gobierno.
Tengo entendido que su despacho es su camioneta…
Así es. Cumplo una agenda de lunes a domingo, en los cinco municipios que componen el área metropolitana de Caracas. Atendemos reuniones con todos los sectores.
¿Cuánto combustible gasta?
Le podría decir que un tanque cada tres días. Llenar un tanque de gasolina en Venezuela nos cuesta menos de un dólar.
¿Y cómo lo recibe el pueblo?
Entienden que es una manera de querer cumplir la tarea que se me asignó y que mi intención no es exhibirme como víctima.
¿Tiene zonas vedadas para visitar?
La verdad es que no, me desplazo por toda la ciudad.
¿Conoce a Jacqueline Faria, la alcaldesa impuesta por Chávez?
La conozco hace mucho tiempo, porque ella trabajó conmigo. Era funcionaria de Hidrocapital, la empresa de acueducto de Caracas, cuando yo era gobernador de la provincia.
¿Y a quién acuden los caraqueños, a usted o a ella?
A su dirigente natural, que soy yo. Yo soy el alcalde legítimo designado por el pueblo y ella es una funcionaria designada como jefa de Gobierno por la vía ejecutiva y, además, tiene ámbito solamente en el municipio El Libertador.
Pero de cualquier manera es complicado porque sus funciones se cruzan…
No debería ser complicado si se respetan las reglas de juego. Fíjese que Peñalosa, Mockus y Garzón han sacado adelante su proyecto en Bogotá, aunque el que esté en la Presidencia no sea de la misma línea política. El problema es que eso no lo admite Chávez, lo cual es antidemocrático.
¿Pero cómo convive usted con la alcaldesa?
Ella es jefa de gobierno designada a dedo por el Gobierno. Nosotros hemos sido víctimas de un robo, de un despojo.
¿Cuál es su concepto sobre la reelección presidencial?
En un país democrático lo que cabe es la alternatividad. La reelección no puede ser infinita porque termina pervirtiendo tanto al servidor como al servido. Fueron impecables las reflexiones del Libertador Simón Bolívar cuando dijo que había que tener cuidado cuando el gobernante se acostumbra a mandar. En una democracia, los principados son temporales. Los gobernantes son príncipes temporales.
¿Aplica eso para la posible reelección del presidente Uribe?
Yo no hago una interpretación situándome en un escenario particular. Creo que la reelección indefinida no es conveniente para ninguna sociedad democrática del mundo.
¿Cree que Colombia sigue los pasos de Venezuela?
Creo que nadie quiere seguir el ejemplo de un presidente que no respeta la Constitución, que no sabe convivir en una sociedad plural, que usa indebidamente los recursos para desarrollar su proyecto político personal y que sólo busca abrirle camino a una ambición desmedida que lo lleva hasta pactar con el diablo con tal de mantener el control del poder.
¿Por qué no lo recibió el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno?
Le mandé una comunicación y la verdad es que me hubiese gustado saludarlo. Supongo que debe tener muchas ocupaciones. De todos modos, quiero decirle que las puertas de Caracas están abiertas para él.
¿Eso no es un desaire?
Entiendo que debe tener complicaciones, no quiero pensar que sea un desaire.