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Palermo, el señor gol

El argentino llegó esta semana a la cifra de 180 goles y se convirtió en el máximo anotador del equipo xeneize. Dice que por errar tres penaltis frente a Colombia la selección de su país lo condenó.

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El Museo de la Pasión Boquense, uno de los rincones turísticos más solicitados por los colombianos, no miente. Apenas se ingresa, el visitante camina por un vestíbulo cuyas paredes están tapizadas por gigantografías de los ídolos de Boca Juniors. Y en primera plana está Martín Palermo. El Titán, apodo que adquirió porque Martín también era el nombre de Karadajian, héroe de Titanes en el Ring, un programa de lucha libre.

Está con la boca bien abierta. ¿Qué otra imagen podía resumir a ese hombre alto, rubio y de un zapato goleador? Ninguna que no sea un grito sagrado, un impacto en la red, un arquero vencido, una tribuna delirante. Porque él es, al cabo, un sinónimo de todo eso. Palermo es gol. A secas. Entonces, no importará su rusticidad, su intermitencia durante los partidos. Siempre estará su sombra en el área rival, amenazante detrás de una pelota.

Muy cerca de ese templo ubicado dentro de La Bombonera, el estadio cuyos habitantes se jactan de que no tiembla, late, Palermo suele decir que no esperaba romper tantas veces la red. Asegura que siempre tuvo la vista fija en el arco de enfrente. Sin embargo, nunca imaginó semejante contundencia. Y tantos gritos pegó Martín, que hasta hizo que dudaran los estadísticos.

En la Argentina futbolera se instaló una polémica esta semana por la cantidad de goles que hizo con la camiseta de Boca. No hay dudas de que son 180, una marca redonda. Lo que está en tela de juicio es su título de máximo artillero de la centenaria historia xeneize en el profesionalismo. Porque Francisco Varallo, último sobreviviente de la final del Mundial de 1930, marcó 194 vestido de azul y oro. Esta cifra está avalada por el Centro para la Historia y la Investigación del Fútbol, pero desprestigiada por cuestiones comerciales.

Récord al margen, lo que no tiene discusión es que el Titán es un especialista a la hora de enfrentar a los porteros. Hoy por hoy, está dentro del Top 15 de la tabla de máximos goleadores del fútbol argentino. Muy lejos de poder alcanzar a Arsenio Erico, el paraguayo que anotó 293 con la camiseta del Club Atlético Independiente de Avellaneda entre 1934 y 1946.

“La verdad, nunca pensé que podía hacer tantos goles. Pero mi meta siempre fue ésa, la de estar en el área y poder sorprender. Mi vida es el gol”, cuenta en una semana especial, porque muchos celebraron el gol 180. Incluso, una marca de ropa deportiva sacó a la venta 180 guayos y hasta empapeló con publicidad la estación del subterráneo de Palermo, uno de los distritos más elegantes de esta ciudad.

Martín nació en La Plata, la ciudad más populosa de la Provincia de Buenos Aires, ubicada a 60 kilómetros de la capital. Y fue en su lugar en el mundo donde el Titán llegó a los 180. Y justo le marcó a Gimnasia y Esgrima, “su” clásico. Porque a pesar de que ahora Palermo suspira cada vez que enfrenta a River Plate, en el pasado jugó en Estudiantes. Ese gol fue especial. Y no lo oculta: “Lo hice en mi tierra, donde nací y estaba toda mi familia en la tribuna. Fue muy lindo haberlo hecho en mi ciudad”.

¿Cuál fue el mejor de esos 180 goles?

Son muchos. Es difícil decir que uno fue mejor que el otro. Pero creo que elegiría el que le hice a River en la Copa Libertadores de 2000. Fue emocionante. Significó mucho para mí y para la afición de Boca. Venía de una lesión, entré en el segundo tiempo y la clavé abajo. Ganamos, nos clasificamos y después dimos la vuelta olímpica en Brasil. No me voy a olvidar jamás de ese gol, como tampoco de los que le anoté al Real Madrid en la Intercontinental de Japón.

Algunos sostienen que llegó al récord; otros, que todavía le faltan 14 goles para alcanzar a Varallo. Al margen de esa polémica, ¿cómo analiza este momento futbolístico?

La verdad, es muy bueno. No sólo en el aspecto estrictamente futbolístico. También en mi vida. Siento que en este momento puedo disfrutar a plenitud. A esta altura de mi carrera, con 34 años, seguir vigente es algo muy importante. Es lindo ser reconocido. Y también, claro, entrar en los libros de Boca. Pero hasta que siga teniendo ganas de jugar me voy a esmerar para superar todas las marcas.

¿Siente que la afición cada año lo quiere más?

Sí, yo me siento cada vez más querido. Y por eso yo me quiero quedar a vivir en Boca. Acá me adoran. Si hasta cuando yerro un penalti me aplauden. Eso me da una fuerza impresionante. Me emociona poder darles una alegría a los hinchas.

¿Cómo hace para no relajarse, para seguir metiendo goles a pesar de que ya tiene unos cuantos?

Sigo con las mismas ganas, con el mismo entusiasmo. Ese es el secreto. A mí me sirve exigirme siempre. Y de esa manera, creo que puedo contagiar a los más chicos, brindarles mi experiencia. Sabemos que vestir la camiseta de Boca Juniors es una responsabilidad muy grande.

¿Y con cuántos goles se conforma por campeonato?

Nunca me pongo un techo. Cuando hice 20 en 19 partidos (N. de R.: récord en torneos cortos de Primera División en Argentina), tampoco me había propuesto llegar a esa cantidad. Lo que sí tengo es la cabeza puesta en ser goleador. Es que todos los goles me parecen pocos. Siempre quiero meter más y más.

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¿Y es más difícil ser goleador en estos tiempos?

No es fácil, porque todos marcan. Los defensores son aguerridos, siempre están pendientes de uno. Además, antes tenía más situaciones de gol que ahora. Hoy, se reparten las posibilidades cerca del área. Pero yo siempre estoy mentalizado para poder aprovechar las chances que se me presentan frente al arco rival.

¿Se pone ansioso cuando no puede convertir?

Muy ansioso, pero tampoco es que me vuelva loco. Lo que sucede es que un gol es una cuota de confianza para un jugador de mis características. Yo siempre cito el caso de Palacio. Rodrigo estaba inhibido y cuando empezó a hacer goles, no lo paró nadie. Lo que tiene que hacer un goleador cuando no la mete, es no desesperarse ante la adversidad.

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¿Es mejor este Palermo que el que jugó desde 1998 hasta 2000, antes de irse a Europa?

En aquel momento fue mi explosión. Sin dudas, se trató de mi mejor momento. Pasaron diez años. Pero ahora estoy más maduro, tengo mayor experiencia. Y después de varios golpes y lesiones, crecí. Con el paso del tiempo adquirí virtudes. Yo soy consciente de que no tengo la calidad de otros delanteros, pero aprendí a explotar lo mío, lo bueno que sé hacer.

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Una terrible lesión

No le fue bien a Palermo del otro lado del océano Atlántico. Su experiencia en Villarreal, Betis y Alavés dejó pocos goles y una lesión terrible. En noviembre de 2001, vistiendo la camiseta del Submarino Amarillo, se le cayó una pared encima suyo cuando estaba festejando un gol. Estuvo casi cinco meses marginado del verde césped. Europa, además de esa fractura en la tibia y el peroné, no le dio demasiadas satisfacciones.

¿Para usted es una cuenta pendiente poder triunfar allá?

No voy a tener la posibilidad de una revancha. Lo tengo claro. Y también soy consciente de que la única forma de que me vaya de Boca es a un equipo grande de allá. Y eso no creo que suceda ahora. Ya estoy grande. Lo que me tocó vivir en Europa fue duro y no tengo intenciones de irme, a excepción de que pueda hacer una diferencia económica irresistible.

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Pero su paso no fue el que se esperaba…

Es cierto. Pero puedo afirmar sin dudar que los títulos que logré en Boca no se ganan en ninguna otra parte del planeta. Conseguí un montón de campeonatos y copas que me hacen feliz.

Lo condenaron

Colombia se cruzó en la vida de Palermo y fue una desgracia. Porque en la Copa América de 1999, en Paraguay, Martín erró tres penaltis ante la selección tricolor. Desde entonces, no volvió a vestir la celeste y blanca. “No me dejaron recuperar mi imagen. Y eso me tenía mal. Esos penaltis me condenaron. Lamentablemente, fallé”, recuerda.

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¿Y no sueña ahora con una nueva posibilidad, a pesar del tiempo que pasó sin que lo convocaran?

Yo quiero ser el goleador del campeonato. No pienso tanto en la selección. Pero, la verdad, me pica el bichito por volver. Sería muy lindo tener una nueva oportunidad. Y para eso me tengo que seguir exigiendo.

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¿Que el técnico sea Alfio Basile, quien lo dirigió en Boca, juega a su favor?

Él me conoce perfectamente, sabe lo que rindo y lo que me puede pedir. Ojalá que tenga alguna oportunidad.

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¿Se ilusiona con un mundial?

Me hubiera gustado vivirlo. Pero sé que es difícil que pueda tener una nueva oportunidad ahora.

Contrato vitalicio

En noviembre, El Titán cumplirá 35 años. Pero unos meses antes, en junio, le renovarán el contrato. Sí, aunque sea un veterano de mil batallas, los dirigentes de Boca quieren que se quede otro año con la camiseta número 9. Es más, hasta el vicepresidente tercero, Juan Carlos Crespi, reveló públicamente que le ofrecerá un contrato vitalicio.

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¿Se queda a vivir en Boca?

Ojalá. Sería muy lindo y una tranquilidad para mí. Pero primero me tengo que sentar a conversar con la dirigencia.

Cuando llegue el momento de retirarse, ¿no le gustaría hacerlo en Estudiantes, el club donde jugó? ¿O es imposible que se vaya de Boca?

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En este deporte, nunca se sabe. Mi idea durante mucho tiempo fue ponerme la camiseta de Estudiantes. Y ese deseo siempre está latente, porque sé que cuando eso suceda voy a experimentar el mismo sentimiento que la primera vez que me la puse. Pero Boca me dio todo. Acá conseguí un montón de títulos, la gente me quiere mucho… Es difícil. No puedo elegir a uno u otro, como si me preguntaran si quiero más a mi viejo o a mi vieja. Tengo cariño por los dos.

Sonríe Palermo, el señor gol. Sabe que ya está en el cielo de los artilleros. Pero no tiene techo. ¿Será que la cuenta de este delantero inoxidable llega al infinito punto rojo? No tiene límites, como las proezas de este hombre que no en vano es llamado Titán.

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