
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Catalina Corró no se imagina una vida sin el agua como acompañante. En ella se exige al máximo y libera su reconocida hiperactividad. Mientras nada, canta y repasa las lecciones de las asignaturas de medicina, carrera que se encuentra cursando. Sin embargo, ya no puede dar todo de sí. Le toca mermar sus esfuerzos. Medirse. Su cuerpo le ha dicho basta en varias ocasiones y ahora debe dejar un margen, no puede llegar al límite.
Lea también: ¿La violencia en las barras bravas es un tema aislado del fútbol?
Y es que el pasado 10 de septiembre a la española le dijeron que era necesario operarla para extraerle un tumor cerebral. Uno más. En 2017 ya le habían extirpado otro. Tras aquella intervención, se recuperó antes de lo pensado y ganó la prueba de los 400 metros estilos en los Juegos Mediterráneos en Tarragona. Pero ya no se sentía igual. “Me sacaban de la piscina y me costaba mucho pensar. No era capaz de recordar ni lo que había comido”, le contó a El País de España la mujer que hace unos meses hizo los 200 metros estilos en dos minutos y 12 segundos, registro que, si vuelve a realizar en las competencias clasificatorias a los Juegos Olímpicos, la llevaría a Tokio.

Las rutinas de nado que realiza desde octubre, tras recuperarse de la más reciente cirugía, son menos exigentes para una Corró que ahora piensa más en su salud y no tanto en los logros deportivos. “Es un sueño ir a los Juegos, pero no es ninguna obsesión”, agregó la española, quien trabaja con el entrenador Alex López en el Club Natació Sabadell y que ahora nada 50 kilómetros semanales. Antes de la operación hacía 70.
(¿Por qué la Federación Internacional de Tenis levantó la suspensión a Farah por dopaje?)
“Hay días que el cuerpo no me da más de sí. Ahora, para recuperarme de un entreno fuerte necesito tres días, y antes me bastaba con una noche. Trabajo con la fisioterapeuta la manera de reconectar mis fibras musculares con el sistema nervioso”, expresó Corró, que también se refirió a sus sensaciones previas a las cirugías. “La primera vez vas pensando en que te van a abrir la cabeza y que después ya se verá, pero en la segunda operación lo que pensaba es que no quería volver a pasar por lo mismo”.
A Catalina Corró le cuesta quedarse quieta. Cada día madruga a estar lo antes posible en su amada piscina, a intentar olvidar ahí abajo las operaciones, a buscar ampliar el límite al que no puede llegar, pues le podrían regresar los desmayos. “No quiero dar pena a nadie. Lo único que trato de transmitir es aceptación; las cosas vienen como vienen”, concluyó la nadadora española que quizás exponga sus brazadas en Tokio 2020.