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En la mitad del río Magdalena, en lo que antes era uno de los sitios más profundos, Inyna Vargas Perdomo y su esposo Chucho pasan a pie arrastrando su canoa con la esperanza de hallar peces.
Tienen tres hijos, de 4, 5 y 7 años, y han vivido toda su vida a orillas del antes majestuoso afluente. Aterrados y tristes observan que el Magdalena ya no es aquel imponente y caudaloso río de algunos años atrás y que lo que antes era agua, ahora es una playa impresionante de 50 metros.
La sequía comenzó a afectar la subienda y con ello la calidad de vida de decenas de pescadores que viven de lo que les trae el río. “Para que haya pescado tiene que haber abundante agua. Sí. Uno coge uno que otro, pero nada qué ver con otros años”, dice Jesús Ramos, habitante de la zona, quien asegura que antes en tres días se hacían entre $100 o $150 mil y que ahora sólo llegan a los $25 mil.
Para quienes viven de los cultivos, la situación también es crítica, pues en las fincas no se ha podido sembrar por la falta de lluvia. “Los patrones están esperando a que llegue marzo, a ver si cae agua y sembrar”, indica Rey Fernández.
Al frente de Ambalema, cruzando el río, se llega a Beltrán (Cundinamarca). Antes se pasaba en el ferri, pero este medio de transporte, que funciona desde hace 20 años, dejó de transportar, pues varias veces se quedó encallado sobre la arena. Debido a esto el municipio cundinamarqués no ha podido surtir de productos como panela, plátano, frutas y hasta ganado a la tierra tolimense.
Gilberto Reyes, alcalde de Beltrán, aseguró que los bombeos eléctricos que se han realizado y la energía usada para ello está significando un costo muy alto para Cundinamarca.
Situación similar se vive en Honda (Tolima), en donde el Magdalena se encuentra en un nivel de 1,10 metros, y la tendencia es que cada 8 días se deteriora más.
Tan escasa es el agua, que al frente de la desembocadura del río Gualí salieron a flote las estructuras del antiguo puente en piedra hecho por los españoles que fueron arrasados por la avalancha de Armero.
La sequía afectó hasta a los 200 presos de la cárcel municipal de Honda, pues los aljibes cavados a más de 40 metros que tiene el centro penitenciario que se nutren del río Magdalena y de los cuales toman agua los presidiarios, se secó completamente y desde hace más de un mes el Cuerpo de Bomberos ha tenido que surtir de líquido el lugar.
Piden agilizar dragados en sur de Bolívar
Las autoridades ambientales del sur de Bolívar pidieron agilizar la iniciación de los trabajos de dragados al río Magdalena, con el fin de mejorar la navegabilidad de esa arteria fluvial.
Emilio Brito, alcalde del municipio de San Pablo, aseguró que es necesario comenzar las obras lo antes posible, pues éstas ayudarían a aumentar la profundidad del río.
“Creo que el Gobierno, si verdaderamente estamos ante una emergencia, tiene que llamarle la atención a Cormagdalena y pedirle que empiece a realizar las obras”, expresó el funcionario.
El bajo caudal del afluente ha causado problemas en la movilización de embarcaciones mayores, afectando el ingreso de mercancías a determinadas zonas.