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Una decisión acertada

Las noticias no parecen buenas para la economía colombiana. Pero tampoco catastróficas.

31 de enero de 2008 – 07:14 a. m.

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Las crisis financieras internacionales son inevitables. Vienen y van con la irregularidad desconcertante de los fenómenos atmosféricos. Y obedecen siempre a la misma causa: al exceso de crédito, la laxitud de los bancos y el entusiasmo de los deudores. Pero la certeza sobre la causa de las crisis financieras internacionales contrasta con la incertidumbre sobre su magnitud y sobre su rango geográfico. Algunas veces las crisis son suaves y están circunscritas a unos pocos países. Otras, son profundas y abarcan casi el mundo entero.

La turbulencia financiera de esta semana está explicada, en buena parte, por el cambio de opinión de muchos agentes económicos acerca de la magnitud y la extensión de la crisis. Hasta hace apenas unos días, la mayoría creía que la crisis internacional iba a ser menor, que no iría mucho más allá del sector inmobiliario y que no afectaría las economías de Asia y de Europa, las cuales, se decía, habían logrado independizarse (“desacoplarse” era la palabra) de la economía de Estados Unidos. Pero en los últimos días hubo un cambio dramático en la opinión. La mayoría comenzó a hablar de una crisis de gran magnitud y extensión, de una crisis que bien podría afectar el mundo entero.

Las autoridades económicas de Estados Unidos han respondido a la crisis con rapidez. Pero la oportunidad de las respuestas no garantiza la eficacia de las mismas. El paquete de estímulos anunciado por el gobierno de los Estados Unidos es insuficiente y parece diseñado más para dar una apariencia de diligencia que para resolver el problema. Y la reducción de la tasa de interés, decidida por la Reserva Federal de manera extemporánea, muestra que el pánico parece haber contagiado a los banqueros centrales, supuestamente los llamados a mantener la calma. Esta medida les dio un respiro a los mercados, pero no ha resuelto el problema. Simplemente aplazó los síntomas.

Dada la magnitud de la crisis, su cobertura geográfica y la insuficiencia de las medidas adoptadas en los Estados Unidos, las noticias no parecen buenas para la economía colombiana. Y no lo son. Pero tampoco son catastróficas. A pesar del déficit comercial, la economía es actualmente mucho más resistente a los choques externos que hace una década, cuando se dio la última crisis. Las reservas están en un nivel más alto. El régimen cambiario es más favorable. El sistema financiero es más sólido. La deuda pública ha disminuido sustancialmente. Y la confianza es mucho mayor. Se puede argumentar que una mayor disciplina fiscal habría facilitado el manejo de la crisis. Pero ya no cabe llorar sobre la plata mal gastada.

Sin duda, la crisis tendrá un impacto negativo pero moderado sobre el crecimiento económico. En 2008, la economía seguirá creciendo a tasas superiores a las históricas, probablemente alrededor de 5%. Las autoridades económicas en particular y las autoridades monetarias en general deberían mantener la calma. La consigna deber ser no hacer daño. Y evitar las reacciones exageradas o apresuradas. Así las cosas, debe celebrarse la decisión tomada por la Junta Directiva del Banco de la República de no modificar la tasa de interés. Una disminución habría afectado adversamente la credibilidad del Banco. Y un aumento habría complicado el manejo cambiario. En este caso, la mejor acción era la inacción. Y el Banco hizo lo que tocaba: no hacer nada.

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