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¿Por qué unas personas se vuelven adictas a las drogas y otras no? La pregunta parece obvia; sin embargo, se ha convertido en el foco central de las investigaciones neurocientíficas sobre la adicción a las drogas, que aún no han encontrado una respuesta clara. Un nuevo estudio, liderado por Karen D. Ersche, del Instituto del Comportamiento y Neurociencia Clínica de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), parece lanzar algunas luces.
Ersche, en compañía de cinco investigadores más, reunió a 50 parejas de hermanos. En cada pareja, uno de ellos usaba drogas de modo constante, mientras que el otro no tenía un historial de consumo. Por otro lado, conformaron un grupo de 50 pacientes sanos, sin relaciones con el abuso de drogas en su ámbito personal.
Hace algunos meses, en una entrevista con este diario, Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (Nida, por sus siglas en inglés), aseguró que las drogas afectan ciertas regiones del cerebro encargadas de ejercer control. Así, una persona que se inyecta heroína y ya lo ha convertido en un hábito, comienza a perder “los frenos de su cerebro” y a actuar sin voluntad propia.
Ersche se preguntó si dicha falta de control es provocada por la droga o ya viene impresa en el cerebro. Entonces tomó a los dos grupos de participantes y realizó una prueba muy breve. En una pantalla aparecía una flecha a la derecha o a la izquierda; los pacientes debían presionar la tecla del respectivo lado cuando la vieran. Si escuchaban un pito, no debían presionar ninguna tecla. El bajo rendimiento en esta prueba, de acuerdo con otros estudios, es signo de deficiencias en las zonas del cerebro relacionadas con la adicción.
El primer resultado tomó por sorpresa a los investigadores: tanto los adictos como sus hermanos presentaron el mismo déficit en la prueba. El grupo de pacientes sanos no presentó ninguna singularidad. De modo que la droga no es la causa de la deficiencia, aseguran los científicos, sino la estructura propia del cerebro. Por eso, Ersche asegura que existen personas vulnerables a la adicción. “Esto muestra que la adicción a drogas no es una elección de estilo de vida, es un trastorno del cerebro y necesitamos reconocerlo como tal”, aseguró Ersche a la BBC.
Los hermanos crecieron en un entorno similar y con anomalías cerebrales muy parecidas. Entonces, ¿por qué si las parejas de hermanos compartían ese historial, uno de los dos no se volvió drogadicto? Otras zonas del cerebro ayudarían a explicarlo. En un comentario al estudio, Nora Volkow dice que hay diferencias notables en la corteza orbitofrontal del cerebro, encargada de la toma de decisiones. En los hermanos que no tuvieron contacto con las drogas, la actividad cerebral es mayor en esa zona, lo que los protegería de la adicción. No es, sin embargo, una conclusión definitiva.
Este estudio, asegura Volkow, es un paso para descubrir el verdadero mecanismo que permite a ciertas personas resistir a las drogas. Así, dice, sería más sencillo crear mejores tratamientos.