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Como suele suceder con las herencias que aparecen de un día para otro, el 10% de las regalías que se destinarán a partir de este año para ciencia, tecnología e innovación está creando divisiones entre la comunidad científica colombiana.
El año pasado, cuando se aprobó la Ley de Regalías, los 17.339 científicos registrados oficialmente en el país celebraron que, por fin, al estrecho presupuesto que se destina para actividades de investigación (0,16% del PIB), llegarían recursos frescos: unos US$450 millones por año. El problema es que la euforia está desembocando en fuertes debates ahora que el Gobierno ha revelado cómo serán distribuidos estos recursos entre los 32 departamentos. Córdoba, La Guajira y Sucre figuran entre los que más dinero recibirán.
Hernán Jaramillo, decano de Economía de la Universidad del Rosario, es una de las voces que han criticado la distribución. “Uno podría decir que se va a destinar más dinero a ciertas regiones para sembrar a largo plazo capacidades de ciencia e innovación”, apunta Jaramillo, “pero aquí estamos hablando de ejecutar grandes presupuestos sin la capacidad necesaria. Va a ser un uso muy ineficiente de recursos”.
Jaramillo también ha cuestionado, como lo han hecho otros investigadores, que los problemas que enfrentan muchas regiones tengan respuesta en las mismas. Un ejemplo sencillo: las soluciones para enfermedades como la malaria no necesariamente están en el lugar donde el parásito que la produce es endémico.
Por el contrario, se estaría desaprovechando la capacidad de investigación ya instalada en centros urbanos como Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca o Caldas. En estos cuatro lugares reside el 70% de los investigadores del país. Sin embargo, ellos sólo recibirán el 14% de los fondos.
Por si fuera poco, está el problema de la injerencia política local para definir los proyectos que recibirán financiación. La ley prevé que los megaproyectos que cada región presente para acceder a los fondos sean acordados por la Gobernación, empresarios y los investigadores. “Va a ser una negociación totalmente asimétrica. En muchas regiones no hay una élite científica los suficientemente fuerte”, argumenta Jaramillo.
Una comunidad como la científica, de alguna manera ajena hasta ahora a los intríngulis del poder local, tendrá que tratar de entender mejor ese juego para sobrevivir. Con los riesgos que conlleva. De los gobernadores elegidos para el período 2012-2016, seis se posesionaron con cuestionamientos judiciales (Casanare, Valle del Cauca, Arauca, Chocó, Huila y Norte de Santander) y esos seis tendrán influencia en el 14% de las regalías para ciencia.
Jaime Restrepo Cuartas, director de Colciencias, defiende esta distribución basada en indicadores de población, necesidades básicas insatisfechas, desempleo, entre otros. “La investigación en el país está concentrada en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla. Pero el criterio aquí es regionalizar la ciencia. El criterio es que haya más equidad regional del desarrollo científico con el objeto de que las regiones con menor desarrollo vayan teniendo una mayor capacidad en temas de competitividad”, defiende Restrepo.
Emiro Madera, rector de la Universidad del Córdoba, defiende también esa idea: “el sentido de esta partida es cerrar la brecha tecnológica en territorios con menor desarrollo. Si llegara a donde ya está instalada se producirá un mayor distanciamiento y, por lo tanto, más pobreza en territorios marginados”.
Sobre el problema de la politiquería a la hora de aprobar proyectos y recursos, Madera dice que “siempre ha estado presente a lo largo y ancho del país”. En su opinión, el problema se arregla con criterios claros a la hora de distribuir el dinero.
Los recursos comenzarán a fluir a partir de marzo. El tiempo tal vez aclare quién tenía la razón.