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El resultado de las elecciones en Grecia ha generado todo tipo de reacciones. Ante los temores por un avance de la extrema derecha, ha terminado por imponerse un proyecto político que algunos califican de izquierda radical.
En la Unión Europea, el debate de la poca autonomía económica a la que apenas acceden los estados no es nuevo. Cuando se discutía la aprobación popular en Francia de una Constitución para ese bloque en 2005, un sector importante de la izquierda de ese país llamó a votar en contra del texto. Vale aclarar que François Hollande y Laurent Fabius (actualmente presidente y ministro de Relaciones Exteriores de Francia, respectivamente) hicieron un llamado por el sí. Sin embargo, la izquierda francesa más radical optó por disentir de ese proyecto, porque consideraba que confirmaba el carácter neoliberal de la Unión. A la vez arreciaban las críticas contra ese proyecto, pues le daba poderes muy tímidos al Parlamento. Esa ha sido una de tantas manifestaciones de disidencia en contra de la evolución del bloque comunitario.
A la par se denuncia el llamado déficit democrático, es decir, que autoridades no electas de forma directa por el pueblo europeo terminen decidiendo sobre el nivel de vida de millones. Esto se ve en la importancia que ha venido adquiriendo la troika compuesta por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional. En algunos de esos planes de rescate en plenas crisis económicas, la estrategia de recuperación está basada en una dura política de austeridad que implica recortes, impuestos y despidos masivos en varios casos. En los últimos años, no sólo Grecia ha enfrentado esa situación, sino que España, Italia, Chipre e Irlanda han vivido algo similar. Este poder que ha adquirido la troika contrasta con el papel aún débil del Parlamento Europeo, que sería el órgano que mayores niveles de democratización refleja.
Por otra parte, resulta apresurado afirmar que el discurso de Syriza y de su primer ministro, Alexis Tsipras, es incompatible con la UE (para esa presunción algunos se apoyan en su militancia comunista). Incluso se ha llegado a especular con la salida de Grecia de ese bloque. Sin embargo, habría que recordar que el momento que vive ese país hace parte de una cadena de inconformidades que sacuden a Europa, como aquella que tuvo lugar en Francia cuando se rechazó por más del 56% el proyecto de Constitución europea en 2005.
En adelante, Europa se adentrará aún más en el debate sobre la necesidad de acercar a la ciudadanía al proceso de toma de decisiones en materia de política económica, de forma tal que se evite o se reduzca al máximo el citado déficit. Las promesas de Tsipras probablemente deberán aterrizarse en una realidad de compromisos previos que no podrá evadir. Pero, se materialicen o no, la reinvención de la UE en términos económicos es una tarea inaplazable.
*Mauricio Jaramillo Jassir, Profesor U. del Rosario