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Después de casi 40 años de dominio político de dos familias, “los Karamanlis y los Papandreu”, vence en las elecciones legislativas el partido de izquierda Syriza, liderado por el eurodiputado Alexis Tsipras, con 36% de la intención de los votos y con la promesa de vientos de cambio en Grecia.
En 2009, el presidente de la Comisión Europea visitó por primera vez Grecia, acompañado por una troika de acreedores con objetivos específicos: auditar el nuevo programa de gobierno, verificar la posibilidad de nuevos préstamos y de recorte de gastos que pudiera conllevar a Grecia a ahorrar. Meses después, el primer ministro anunciaba su plan magistral con el objetivo de mantener a Grecia en la Eurozona: un plan de austeridad que incorporaba privatizaciones de ferrocarriles, puentes, autopista, empresa de electricidad, baja de salarios y de jubilaciones.
Cansados de crisis económicas sucesivas y del empobrecimiento creciente de Grecia, en 2011 los griegos iniciaron una campaña en pro de la auditoría de la deuda, que representaba cerca de 150% del PIB griego. En el verano de 2011 ocuparon la plaza Sintagma por aproximadamente dos meses. A pesar de lograr la reducción de la deuda, no había cómo romper el círculo vicioso de nuevos préstamos. La realidad es que Grecia presentaba “un decrecimiento sólo comparable a países en guerra”.
Syriza pretende liderar con promesas de incremento de salarios y pensiones, de concesión de energía gratuita a 300.000 familias, de entrega de medicamentos y asistencia médica para la población desempleada. Lo que empieza a ser tildado como populista por los neoliberales. Pero ¿qué hará con relación a la deuda?
La esperanza que despierta Syriza y que podría contagiar a otros países europeos se puede comparar con el cambio del mapa político de América Latina a partir de 2002: Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela, que hoy luchan en contra de los efectos de la crisis internacional y pagan un alto precio por sus errores domésticos y concertaciones políticas con partidos tradicionales.
La lección de América Latina es que no es suficiente que la izquierda llegue al poder. Es necesario tener propuestas alternativas sólidas y eficientes para lograr crecimiento, equidad y políticas públicas sostenibles. Hay que creer que, a pesar de los desafiantes pronósticos, Grecia tendrá un mejor desenlace que algunos países de América Latina.
*Beatriz Miranda Cortés